
Es inevitable, ¿A qué negarlo? Desde que te vi en persona, te me antojaste una aparición que nubló mis sentidos, que me robó la razón, que echó por tierra mis valores, mis costumbres y todos los convencionalismos con los que he crecido.
Somos amigas desde hace tiempo, y aunque en la distancia, tus palabras siempre consiguen calmarme, hacer funcionar este cerebro mío que muchas veces calla a favor del corazón.
Despiertas en mí el fuego con cada una de tus historias, y no puedo evitar el desear (hasta ahora, en lo más profundo de mi ser) ser la protagonista de tus cuentos, la mano afortunada que acaricia tu cuerpo, que bebe de él, que se pierde en tus ojos y te arranca el gemido de placer que llevas escondido en tus entrañas.
Cuantas veces he deseado, a la orilla de mi mar amado, el verte aparecer en tu forma de sirena, sonriendo como siempre, cantando con tu dulce voz las palabras que me hacen estremecer.
Cuantas veces te he soñado a mi lado, tu cuerpo vestido solo de luz de luna, y mis manos acariciando cada milímetro de tu piel de plata, alborotando tu cabello de oro y fuego, adueñándome de tu ser con cada caricia cada vez un poco más.
Tus labios en los míos, tu lengua recorriéndome mientras mis dedos exploran tu interior, se sumergen en tu humedad y tu voz trémula en un gemido, pidiendo más sin utilizar palabras.
Solas, tú y yo, el placer, la luna y nuestras almas unidas en una sola, al fin, para siempre.
¿Ocurrirá algún día? Eso espero.
Espero la oportunidad de tenerte solo para mí, aunque sea un instante, uno solo en toda nuestra existencia, para calmar mi sed de ti, apagarla en el mar de tus ojos, de tu sonrisa, y escucharte susurrar mi nombre .
Sólo un instante en la oscuridad, probar aquello que se nos está vedado, y amarnos como ambas (estoy segura) deseamos, aunque solo sea una vez.
Siempre tuya, amante amiga:
D.




Cuaderno de Bitácora del Capitán de la Perla Blanca
Hectrol portafolio
Relatos de Alcoba

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