Archivos para Junio 2009

30
Jun
09

Secreto

Es inevitable, ¿A qué negarlo? Desde que te vi en persona, te me antojaste una aparición que nubló mis sentidos, que me robó la razón, que echó por tierra mis valores, mis costumbres y todos los convencionalismos con los que he crecido.

Somos amigas desde hace tiempo, y aunque en la distancia, tus palabras siempre consiguen calmarme, hacer funcionar este cerebro mío que muchas veces calla a favor del corazón.

 Despiertas en mí el fuego con cada una de tus historias, y no puedo evitar el desear (hasta ahora, en lo más profundo de mi ser) ser la protagonista de tus cuentos, la mano afortunada que acaricia tu cuerpo, que bebe de él, que se pierde en tus ojos y te arranca el gemido de placer que llevas escondido en tus entrañas.

Cuantas veces he deseado, a la orilla de mi mar amado, el verte aparecer en tu forma de sirena, sonriendo como siempre, cantando con tu dulce voz las palabras que me hacen estremecer.

Cuantas veces te he soñado a mi lado, tu cuerpo vestido solo de luz de luna, y mis manos acariciando cada milímetro de tu piel de plata, alborotando tu cabello de oro y fuego, adueñándome de tu ser con cada caricia cada vez un poco más.

Tus labios en los míos, tu lengua recorriéndome mientras mis dedos exploran tu interior, se sumergen en tu humedad y tu voz trémula en un gemido, pidiendo más sin utilizar palabras.

Solas, tú y yo, el placer, la luna y nuestras almas unidas en una sola, al fin, para siempre.

¿Ocurrirá algún día? Eso espero.

 Espero la oportunidad de tenerte solo para mí, aunque sea un instante, uno solo en toda nuestra existencia, para calmar mi sed de ti, apagarla en el mar de tus ojos, de tu sonrisa, y escucharte susurrar mi nombre .

Sólo un instante en la oscuridad, probar aquello que se nos está vedado, y amarnos como ambas (estoy segura) deseamos, aunque solo sea una vez.

Siempre tuya, amante amiga:

D.

28
Jun
09

No digas que no…

¿Crees que podrías hacerme el favor de desaparecer de una vez de mi cabeza?

Cierro los ojos, y ahí estás, acunando mi deseo y comprometiendo mi honestidad. No soy para ti, desaparece.

Te presentas en mitad de la noche, y no puedo hacer nada para evitar caer en tus brazos…

En la penumbra de mi habitación. ¿Cómo has entrado? . No sé si eres real o no, lo único que se es que tu olor me domina, se introduce por mi nariz y me produce el mismo efecto que una raya bien cargada.

Me despejas, no tengo sueño… Sólo quiero más.

Tus manos me acarician mientras oigo tu risa, burlona y encantadora.

 Sabes que no puedo decirte que no.

Noto tu sexo contra el mío, molesta la ropa, la apartas bruscamente, la aparto con decisión… No es momento para tonterías, no es momento para besos…

Mis pies no tocan el suelo, contra la pared, rápido, no nos vayan a descubrir. Me embistes, cubres mi boca con la tuya “ No grites” susurras sin apartar tus labios, sin sacar tu lengua, sin mas palabras que las que piensas, que yo oigo sin que las pronuncies, me sujetas y me penetras y yo soy tuya… de nuevo.

Te noto dentro, me haces daño con tus manos en mis caderas, resbalo por tu sudor, me agarro a tu cuello con mis brazos. No, no quiero caer, no quiero que acabes nunca…

Tu pecho chocando contra el mío, al mismo ritmo que entras, que empujas…

Al fin te corres con un gemido apagado en mi boca, tiemblas, te estremeces y me dejas en el suelo con delicadeza.

Apoyas tu cabeza en mi hombro, tus labios aletean en mi cuello y susurras un “hasta mañana”…

Vuelvo a estar sola, mojada aún de tus fluidos y de los míos, sentada sobre la cama, el humo de un cigarrillo se eleva formando espirales, y vuelves a estar más presente que estando frente a mi.

Por eso, te pido que me dejes, te pido que te vayas de mi cabeza, maldito fantasma. Sé que mañana nos cruzaremos, sé que me dirigirás una media sonrisa, y harás como que no ha ocurrido nada.

Sé que me ignorarás hasta que llegue la noche, y entonces… No tendré ganas de decirte que no…

12
Jun
09

22 años

Otra noche más aquí. Las mismas caras de siempre, casi las mismas bromas.

Acudir a este pub se ha convertido en una costumbre, y no me imagino ya un sábado noche sin el olor a cerveza, el ambiente cargado que da la bienvenida en un abrazo de humo de aromas mezclados. El suelo ya está pegajoso de alcohol derramado cuando llegamos, aunque es lo de menos.

Poco a poco, van llegando los rezagados sobre sus motos, y al filo de la una ya estamos todos los que tenemos que estar, más algún que otro que se ha perdido, y que va a quedar horrorizado o encantado con el ambiente, esto no admite medias tintas.

Acuden a su cita de fin de semana programada, como el que va a trabajar todos los días. A gritar, a beber y a ser ellos mismos, a mostrar lo que no pueden en el trabajo o en la universidad.

Y, como siempre, allí estamos nosotros también. A mi derecha, la única chica en la que he confiado hasta el momento, liando porros con hachís que nunca compra y mirando a los parroquianos con esa pose de superioridad, entre afectada y burlona, tan suya. Pero en el fondo de sus ojos azules, la paz de pertenecer a un lugar, aunque solo sea durante el fin de semana, la hace mucho más asequible si te fijas.

A mi izquierda, mi “hermano”. Grande, realmente grande y blandito, larga melena rubia y ojos apacibles que vigilan a la concurrencia para que a nadie se le ocurra pasarse un pelo con sus princesas. Y así estará, sonriendo y sin armar demasiado jaleo hasta que se encuentre demasiado cansado, o borracho, y se vaya a casa.

De sobra sabe que las dos nos bastamos. Como en los cuentos de hadas, mientras vayamos cogidas de la mano, nunca nos pasará nada malo.

Como todos los sábados, somos testigos de romances de una noche, de borracheras descomunales, de bailes con striptease espontáneos de los que nadie se escandaliza. Escuchamos, llegado el momento, las historias de los viejo rockeros ( 35 años, más o menos. En aquella época eran muy mayores) que han peleado con punkis y policías, y conocen el sabor amargo de la despedida y la cocaína.

Nos sentamos alrededor de los sabios en el parque que queda justo enfrente del pub y bebemos de su sapiencia, y tal vez un poco de cerveza de más bajo las estrellas de verano o agradeciendo el frío de enero.

Suena la penúltima canción. Mägo de Oz anuncia que el final de la noche se acerca. Después de ésta pincharán “Warrior Kings” de Manowar y la fiesta habrá terminado.

A los primeros acordes, los que tomaban el aire vuelven a entrar, atestando de nuevo el local. Nadie quiere irse sin despedirse de sus colegas entre gritos, puños alzados y vertiginosos movimientos de cabeza.

El dueño nos tiene bien enseñados.

Antes de que todo el mundo se vaya, me despido de mis “hermanos”, recojo los despojos de mi vecino, que siempre acaba apareciendo antes o después, y lo arrastro y escolto en un taxi hasta su casa. La factura  corre de su cuenta, claro. Siempre está demasiado borracho al final de la noche como para cerciorarse de que le he sisado  para el transporte.

Mañana volveré a negar que no pagamos a medias, mientras nos tomamos un café en el bar de la esquina cuando la resaca nos permita levantarnos…




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