
Incontrolable, saltaba en la pista de aquel garito de mala muerte, rodeada de gente tan desesperada como ella.
Por mucho que gritase coreando la canción era incapaz de escuchar su propia voz. Las camisetas volaban por el aire, la cerveza corria como un río empapándolo todo.
Miradas, voces, olor a humo pegado en la ropa, en el cabello. Sudor y el corazón desbocado.
No deseaba que terminase esa canción, estaba furiosa y se sentía la dueña del universo.
No existía nada fuera de aquel local. No había un hogar al que regresar, no había nadie a quien dar explicaciones.
A nadie a quien le interesaran.
Sólo gritos, sólo recordarle lo mal que lo hacía todo, sólo la culpa, sólo…
La niña perdida saltaba en la pista de aquel garito de mala muerte y en aquel momento era feliz.
Notaba pechos chocando contra su espalda, alguna cadena prendida de algún pantalón le hirió el brazo, y lamió la sangre sin dejar de saltar, de sudar, de notar otros cuerpos pegados al suyo.
La cabeza le daba vueltas, las lágrimas caían sin poder contenerlas, pero lo más importante era no dejar de bailar, lo más importante es que no cesara la música, ni el calor de esa gente a la que no volvería a ver.
En unas pocas horas todo acabaría, todo el mundo se iría y ella volvería a estar sola.
Pero en ese momento la arropaba el calor de esos falsos amigos, la valentía del alcohol en la sangre, la lucidez del polvo blanco y la fuerza de la rabia contenida.
De todo aquello sólo quedaría un espantoso dolor de cabeza y recuerdos confusos, pero qué mas daba, a quien diablos le importaba si moría aquella misma noche.
Incontrolable, saltaba para olvidarlo todo, para olvidar que existía una realidad fuera de aquel mundo mágico de música y cerveza. Saltaba para olvidar que todo aquello era mentira y para que el sueño se alargase lo más posible.
Incontrolable, saltaba furiosa, aún a sabiendas de que fuera la esperaban y que no podría escapar…


Cuaderno de Bitácora del Capitán de la Perla Blanca
Hectrol portafolio
Relatos de Alcoba

Habeis dicho...