
Me rindo. A tus pies, postrada. Haz conmigo lo que desees. No me importa nada, salvo que seas tú quien lo haga.
Bésame, golpéame, introduce en mi interior lo que creas conveniente, hazme gritar de dolor o de placer, haz brotar el sudor por cada poro de mi piel. Desnuda sueño contigo, oigo tu voz en este absoluto silencio, en la muerte que supone no estar a tu lado.
Dame una nueva vida, o quítame la que tengo, sin ti no vale nada.
La noche, la soledad, el frío de esta habitación sin ti es insoportable. No quiero esconderme más, no quiero que te vayas, tócame, lámeme, hazme sangrar si así lo deseas.
Moriría por una sola mirada fugaz que se te escapase en mi dirección en este momento, por una sonrisa perdida que fuese a para a mis ojos.
Nunca dijiste que me amases, tan sólo tu mirada clavada en mí mientras me alejaba, imaginando que no pasaba nada, que te volvería a ver.
Mañana volveré a ser la chica fría y cortante que conoces, mañana volveré a mi sonrisa autosuficiente, a esquivarte, a jugar al escondite contigo, pero esta noche te deseo, esta noche soy consciente de que respiro el mismo aire que tú, de que la misma luz de luna me baña.
Te regalo mis letras, ya que no puedo tocarte. Me rindo a ti, me ofrezco en la magnitud que mi ser me permite, en esta vida que se consume minuto a minuto, y segundo a segundo no tiene sentido sin tus gemidos cortando la penumbra que me envuelve.
Me entrego a ti, me abandono a tus deseos. Soy tuya esta noche, mi voluntad rendida a la tuya, a tus manos grandes y cálidas, a tu sonrisa pícara y sincera, a tus ojos del color de la eternidad. Me entrego aunque no estés, de algún modo, lo sabrás…


Cuaderno de Bitácora del Capitán de la Perla Blanca
Hectrol portafolio
Relatos de Alcoba

Habeis dicho...