………

No quiero despedirme nunca.

Todo es una espiral que se repite,

y siempre estás en medio.

La oscuridad alrededor,

la luna no brilla, pero

ya lo hacen tus ojos por ella.

 

 

 

Da igual.

No quiero despedirme,

decir la palabra más triste,

prender un beso en tu mejilla

y volver a tragar palabras que

no deben ser dichas.

Sólo un segundo, no quiero

mirarte.

Pero mis ojos desobedientes

te siguen mientras te alejas

con esa sonrisa que me parte

el alma.

Y la voz se ha vuelto a perder

enredada en el después,

y las horas muertas me esperan

en la cama,

seguras de tu ausencia.

No hay más que decir,

si no queremos despedirnos.

Lo dejaremos para la siguiente,

si reúno el valor

de decir adiós.