
El humo del cigarrillo se eleva formando extrañas formas en el aire, con la complicidad de los primeros rayos de sol que entran tímidos por tu ventana.
Te observo dormir, como tantas veces he hecho, y sé que será la última vez que lo haga. Paradójicamente, no me siento triste, es simplemente lo que tenía que pasar. Tú tampoco estás afligido, en absoluto.
Una sonrisa, tu admirable sonrisa adorna tu rostro mientras duermes.
No puedo evitar precipitarme en ella, perderme entre la belleza y la serenidad que transmite, y siento el hormigueo de la satisfacción en el estómago del trabajo bien hecho. Sí, creo que ha sido una buena despedida. En cierta forma, me lastima pensar que no volveré a tenerte enfrente, que no volveré a sentir tu piel caliente contra la mía.
Pero, chico, este momento tenía que llegar.
Siempre llega, y ya no me inspiras nada. La pluma que tantas palabras te dedicó, cartas desesperadas al principio, deseando que tus ojos marrones se posasen en mí y me encontrasen deseable. Cartas que se tornaron relatos de noches solitarias anhelando tu presencia en mi cama, imaginando que eran tus manos, y no las mías, las que me acariciaban hasta notar la humedad entre mis piernas. Que era tu lengua y no mis dedos la que acariciaba mi sexo, me hacía estremecer, me provocaba gemidos de placer, que arqueaba mi espalda en un orgasmo y me dejaba con ganas de más, con ganas de ti.
Esa misma pluma que narró los primeros encuentros en forma de fábulas, mitad realidad, mitad quimera, está ahora quieta sobre el papel, incapaz de moverse, agonizando ante la sofocante rutina en la que caímos.
Debería escribirte un último cuento, ese que deberías encontrar junto a ti en la almohada al despertar, ese que diga de forma retórica y tal vez demasiado recargada un adiós sin posibilidad de permuta, intentando, no obstante, hacerte sentir el mismo hormigueo de satisfacción que estoy sintiendo yo en estos momentos. Tendría que endulzar las palabras, hacer algún comentario panegírico hacia tu miembro viril (Tengo comprobado que conecta directamente con el control de tu ego y de tu seguridad en ti mismo), recordarte de pasada los mejores polvos, y enlazarlos con los relatos que generaron…
Sería fácil. Sería escandalosamente fácil, y me refiero a todo. Irme, dejándote contento y con la sensación del trabajo bien hecho. Eso es lo que pretendo.
Pero no lo voy a hacer, ésta es la despedida que leerás en cuanto te levantes. No creas que te odio. Tampoco he dejado de desearte, y por eso, tengo que decirte la verdad desnuda. No sé si hago bien o no, nunca lo he sabido. Actúo por impulsos, ya lo sabes, y éste es el que tengo ahora mismo. La sinceridad nunca es agradable, pero siempre has dicho que la prefieres.
Bien, ahí está, sobre tu almohada.
Ya no me sirves para lo que me servías, y no te quiero lo suficiente como para pasar mi vida a tu lado. No es culpa de nadie. Qué asco de frase, ya lo sé, pero en este caso, es totalmente cierta. No sé donde iré ahora. Bueno, además de lo obvio.
A buscar otras musas, otras inspiraciones, otras historias… Al decir que no sé donde voy a ir me refiero únicamente a la situación geográfica. Por suerte, pude mantener durante dos meses el secreto de la ubicación de mi vivienda, y de mi verdadero nombre. Sería una búsqueda estéril si la quisieras emprender, aunque creo que te conozco lo suficiente como para saber que no lo vas a hacer, que me vas a dejar marchar con total libertad, igual que me dejaste entrar.
Tú tampoco me amas lo suficiente como para querer pasar el resto de tu vida conmigo.
Lo único que queda ya por decir (Tampoco quiero alargar esto demasiado) es la palabra más difícil, esa que cierra todo capítulo que se precie, esa que da por terminado el cuento, que es siempre la misma. Escribámosla de mutuo acuerdo.
Pongamos el “Fin” sin dramas ni exageraciones. No es necesario montar la eterna representación dramática, no son necesarias las lágrimas, ni más explicaciones. Simplemente, se acabó la novela. Terminamos de escribirla. Ya está. Simplemente, adiós.
A pesar de todo, y siempre tuya (ya lo sabes)
Daría.




Cuaderno de Bitácora del Capitán de la Perla Blanca
Hectrol portafolio
Relatos de Alcoba

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