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08
Jul
09

rockstar

Te veo en el escenario y simplemente no puedo creer que seas tú. Chico tímido que camina mirando las puntas de sus zapatillas, que rehuye el encuentro con otros ojos, que se disfraza tras esa sonrisa nerviosa, intentado parecer un chico duro agarrado a una jarra de cerveza.

Sin embargo, ahí arriba te transformas. Es una de las cosas que me fascinan de ti.

Al abrigo de las luces, que te aíslan de las miradas que se centran en tu persona, eres simplemente el mejor.

Tus dedos se deslizan  sensualmente por el mástil, acaricias con la púa las cuerdas arrancando el gemido eléctrico que a tantas de esas chicas que te observan les gustaría emitir.

Sonríes ante cada halago que te lanzan sin perder el ritmo ni olvidar la letra, te acercas peligrosamente al abismo de sus manos alzadas para que crean que han olido tu perfume, y entonces ocurre…

Nunca sé el momento exacto en el que lo vas a hacer, pero siempre sucede. Te sientas al borde del escenario y me miras directamente a mi, envuelto en la eterna luz azul de la que siempre te acompañas para cantar nuestra canción, esa que compusimos una noche cualquiera de lluvia y cerveza en el pequeño local de ensayo, tan lejano ahora que apenas puedo recordar donde estaba.

Por un brevísimo espacio de tiempo, vuelves a ser mi amigo, y no la rock star. Por un momento, la gente a nuestro alrededor desaparece, y vuelvo a ser guitarra entre tus manos, exactamente en el segundo compás de la última estrofa, en el que la letra desapareció y la música sólo fueron nuestras respiraciones agitadas y unísonas, el calor del alcohol en nuestra sangre y el repiqueteo de la lluvia en el asfalto.

El ritmo marcado por los besos, cada vez más urgente, el acompañamiento del bajo que tus pantalones dejaron al descubierto, la puesta en escena de mis dedos, recorriendo tu cuerpo como el órgano que ahora, sutil, se oye de fondo.

Termina de golpe, como aquella noche terminamos en un suspiro. Termina con ese golpe de guitarra que rasga el ambiente, sin previo aviso, que deja a la gente con ganas de más, como nos quedamos nosotros.

Tus manos como garras clavadas en mis hombros, mis brazos y mis piernas rodeándote, mis dientes en tu cuello y el sabor amargo del último beso que nos dimos resuena con ese último acorde cortante.

Es la única vez que lo recordamos. Somos amigos, no podía ser, pero esa canción no nos la puede negar nadie, porque nadie más que tu y yo conocemos su origen.

Me sonríes antes de que se vuelvan a encender las luces, y cada vez que lo haces, sé que nunca me olvidarás, incluso cuando consigas realizar tu sueño, cuando dejes de tocar en pequeños bares y te alejes de mí.

Cuando dejes de ser mi amigo y solo quede la rock star.

05
Jul
09

Un instante

http://www.youtube.com/watch?v=AShaxXe3JCs

 

 

Un instante, eso fue. No hay que darle mas importancia de la que tiene. Ni menos.

Sonaba la música y yo, como siempre, estaba ausente, muy lejos de allí. No podía ver a la gente, ni los vasos, ni el humo que cargaba el ambiente, que me abrazaba, me acunaba ofreciéndome la posibilidad de perderme en su seno.

No sé la razón. No sé como llegamos hasta la pista de baile desde las oscuras mesas del fondo.

¿Qué mas da? Sin preguntas. Se supone que debo confiar en ti.

Tal vez alguien allí te llamó la atención, y yo estaba cerca. Bueno, para eso están los amigos, ¿no?

 

“ The  sea’s evaporating

though it comes as no surprise

these clouds we’re seeing

they’re explosions in the sky”

 

No te gusta esa música, y sin embargo, allí estábamos. Realmente ella debía de valer la pena…

Lo único cierto era Hugo Boss saludando a mi nariz desde tu cuello, y el calor de tu piel a través de la ropa.

No sé la razón. No sé como mis brazos se apoyaron en tus hombros y se cruzaron tras tu nuca, y no sé por qué mi cara se apoyó en tu pecho.

Calor, sudor de sábado noche a través de la tela, directo a mi mejilla. Tu corazón golpeando a ritmo de la música.

Tus brazos se cerraron alrededor de mi cuerpo, y tu barbilla descansó en mi cabeza.

Habías olvidado el objetivo y te concentrabas en la excusa. Puede que después de todo, no resultase invisible para ti.

 

“ Hush…

It’s OK

Dry your eyes…”

 

Un baile no le hace daño a nadie. No se debe leer entre líneas cuando se corre el riesgo de confundir lo evidente con lo inventado.

 

“Soulmates never dies”

 

Se extinguió la última nota y me separé de ti,  sonreí sin mirarte a los ojos y volví a por mi bebida. Suerte con tus despampanantes objetivos de la noche

No quiero jugar con la idea de abrir el séptimo sello. Eres demasiado importante.

 

“Hush.

It´s OK

Dry your eyes

Couse soulmates

Never dies”

 

 Resuena aún en mi cabeza. Amigos del alma. ¿Se puede pedir algo mas?

Fue un instante. No hay que darle más importancia de la que tiene. Ni menos.

03
Jul
09

Incontrolable

Incontrolable, saltaba en la pista de aquel garito de mala muerte, rodeada de gente tan desesperada como ella.

Por mucho que gritase coreando la canción era incapaz de escuchar su propia voz. Las camisetas volaban por el aire, la cerveza corria como un río empapándolo todo.

Miradas, voces, olor a humo pegado en la ropa, en el cabello. Sudor y el corazón desbocado.

No deseaba que terminase esa canción, estaba furiosa y  se sentía la dueña del universo.

No existía nada fuera de aquel local. No había un hogar al que regresar, no había nadie a quien dar explicaciones.
 
A nadie a quien le interesaran.

Sólo gritos, sólo recordarle lo mal que lo hacía todo, sólo la culpa, sólo…

La niña perdida saltaba en la pista de aquel garito de mala muerte y en aquel momento era feliz.

Notaba pechos chocando contra su espalda, alguna cadena prendida de algún pantalón le hirió el brazo, y lamió la sangre sin dejar de saltar, de sudar, de notar otros cuerpos pegados al suyo.

La cabeza le daba vueltas, las lágrimas caían sin poder contenerlas, pero lo más importante era no dejar de bailar, lo más importante es que no cesara la música, ni el calor de esa gente a la que no volvería a ver.

En unas pocas horas todo acabaría, todo el mundo se iría y ella volvería a estar sola.

Pero en ese momento la arropaba el calor de esos falsos amigos, la valentía del alcohol en la sangre, la lucidez del polvo blanco y la fuerza de la rabia contenida.

De todo aquello sólo quedaría un espantoso dolor de cabeza y recuerdos confusos, pero qué mas daba, a quien diablos le importaba si moría aquella misma noche.

Incontrolable, saltaba para olvidarlo todo, para olvidar que existía una realidad fuera de aquel mundo mágico de música y cerveza. Saltaba para olvidar que todo aquello era mentira y para que el sueño se alargase lo más posible.

Incontrolable, saltaba furiosa, aún a sabiendas de que fuera la esperaban y que no podría escapar…




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