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01
Jul
09

Sólamente amigos

 

Te miro de arriba a abajo y tu sonrisa me vuelve a entristecer, aunque no debes notarlo. Tan cerca, a unos centímetros de mí…a años-luz en realidad.

Puedo notar tu olor penetrando en mi ser, salado y embriagador. Sólo el olor del mar que baña nuestra tierra me ha hecho sentir así, tan acompañada y tan sola a la vez. Ese mar que tantas veces hemos observado juntos, sabiendo que, en el fondo, es lo único que nos quedará.

Puedo oír tu voz, dura, recia, cortante siempre que tienes a alguien más escuchando…

Dulce y amable en estos momentos, ahora que hablas conmigo, en ese tono que sólo tú sabes dar, dulce y amable, como cuando se le habla a un niño, ese tono que pretende no asustar pero si marcar las distancias. Me empapo de ella, no quisiera olvidarla nunca. Quisiera oírte en un susurro, pronunciando mi nombre en un gemido ahogado. Disfruto cada palabra que es el fiel reflejo de lo que ocurre en tu alma, aunque no te des cuenta de ello.

Me pierdo en tu risa, bañada en cerveza y de esa cruel inocencia que hace daño a mi alma, que despierta el deseo que debe permanecer oculto. No, no puedes darte cuenta de lo que pasa por mi cabeza, me niego a perder esa mirada, esa voz, esa risa por una imprudencia. Dejar de notar el roce de tu piel tibia en mi cara, benditas manos que me acarician el cabello en un gesto de complicidad que no significa nada más de lo que parece. Cierro los ojos cuando haces eso. Quiero sentir ese roce, quiero hacerlo mío porque sé que no voy a conseguir nada más de ti, nada más que eso, que ya es mucho…

Llega la hora de irme, como siempre. Tan sólo unas cervezas y una tarde de charla, con suerte algún baile inocente alguna noche, esta noche. Soy tu amiga, estás orgulloso de eso, de mí. Pero siempre que me besas en la mejilla, siempre que me dejas en el patio de mi casa me quedo con la sensación de querer más, de querer algo que está fuera de mi alcance, ese maldito quiero y no puedo que me duele cuando te veo en brazos de otra, de cualquier otra, Una distinta cada noche, todas excepto yo. ¿Por qué? Sé de sobra la razón, lo has dicho muchas veces, y no deja de hacerme gracia. Porque soy la única en la que confías, la única a la que de verdad, la única que merece tu respeto… por el momento.

Si, algún día llegará otra que lo merezca también, y que merezca además tus caricias, que te haga olvidar que existo, que me borre con el sabor de sus besos en tu boca, que me relegue a ser un simple recuerdo. Mientras llega, observo cómo te vas, cómo te despides “hasta esta noche”, sabiendo que puede ser la última…

12
Jun
09

22 años

Otra noche más aquí. Las mismas caras de siempre, casi las mismas bromas.

Acudir a este pub se ha convertido en una costumbre, y no me imagino ya un sábado noche sin el olor a cerveza, el ambiente cargado que da la bienvenida en un abrazo de humo de aromas mezclados. El suelo ya está pegajoso de alcohol derramado cuando llegamos, aunque es lo de menos.

Poco a poco, van llegando los rezagados sobre sus motos, y al filo de la una ya estamos todos los que tenemos que estar, más algún que otro que se ha perdido, y que va a quedar horrorizado o encantado con el ambiente, esto no admite medias tintas.

Acuden a su cita de fin de semana programada, como el que va a trabajar todos los días. A gritar, a beber y a ser ellos mismos, a mostrar lo que no pueden en el trabajo o en la universidad.

Y, como siempre, allí estamos nosotros también. A mi derecha, la única chica en la que he confiado hasta el momento, liando porros con hachís que nunca compra y mirando a los parroquianos con esa pose de superioridad, entre afectada y burlona, tan suya. Pero en el fondo de sus ojos azules, la paz de pertenecer a un lugar, aunque solo sea durante el fin de semana, la hace mucho más asequible si te fijas.

A mi izquierda, mi “hermano”. Grande, realmente grande y blandito, larga melena rubia y ojos apacibles que vigilan a la concurrencia para que a nadie se le ocurra pasarse un pelo con sus princesas. Y así estará, sonriendo y sin armar demasiado jaleo hasta que se encuentre demasiado cansado, o borracho, y se vaya a casa.

De sobra sabe que las dos nos bastamos. Como en los cuentos de hadas, mientras vayamos cogidas de la mano, nunca nos pasará nada malo.

Como todos los sábados, somos testigos de romances de una noche, de borracheras descomunales, de bailes con striptease espontáneos de los que nadie se escandaliza. Escuchamos, llegado el momento, las historias de los viejo rockeros ( 35 años, más o menos. En aquella época eran muy mayores) que han peleado con punkis y policías, y conocen el sabor amargo de la despedida y la cocaína.

Nos sentamos alrededor de los sabios en el parque que queda justo enfrente del pub y bebemos de su sapiencia, y tal vez un poco de cerveza de más bajo las estrellas de verano o agradeciendo el frío de enero.

Suena la penúltima canción. Mägo de Oz anuncia que el final de la noche se acerca. Después de ésta pincharán “Warrior Kings” de Manowar y la fiesta habrá terminado.

A los primeros acordes, los que tomaban el aire vuelven a entrar, atestando de nuevo el local. Nadie quiere irse sin despedirse de sus colegas entre gritos, puños alzados y vertiginosos movimientos de cabeza.

El dueño nos tiene bien enseñados.

Antes de que todo el mundo se vaya, me despido de mis “hermanos”, recojo los despojos de mi vecino, que siempre acaba apareciendo antes o después, y lo arrastro y escolto en un taxi hasta su casa. La factura  corre de su cuenta, claro. Siempre está demasiado borracho al final de la noche como para cerciorarse de que le he sisado  para el transporte.

Mañana volveré a negar que no pagamos a medias, mientras nos tomamos un café en el bar de la esquina cuando la resaca nos permita levantarnos…

05
Abr
09

Primera misiva (Allegra)

dark_angel

 

No  te necesito. Eso  es lo que me dice tu mirada cuando por casualidades de la vida me la encuentro de cara. Pero siempre vuelves, siempre vuelvo a sacarte una sonrisa, aunque sea tímida, aunque sea sin ganas.

Claro que no me necesitas, viviste veintitantos años sin mí, ¿qué es lo que iba a cambiar de repente?. No me necesitas, pero en cierta forma me quieres.

Admítelo, igual que , en cierto modo, te quiero yo a ti.

Como a un amigo, como a un hermano. Nunca podré ver en ti a un hombre. Me estás vetado, y no me gusta saltarme las normas, para algo las han impuesto.

Evitar conflictos, evitar dolor, al menos evitar el que se pueda.Por mas que quiera, no puedo enamorarme de ti.

Pero nadie me impide que te quiera, que te aprecie, que me preocupe…

Sólo tú, con esa mirada de autosuficiencia, que se viene abajo con tan solo dos frases mías.

Sabes que no te comprendo, pero al menos lo intento. Sabes que te respeto, no por imposición, no por miedo, sino sólo por ser como eres.

Sabes que me caes bien, excesivamente bien.

Siempre me gustaron las causas perdidas.

 




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