Petición

Sí, hola, soy yo.Hemos empezado mal, pero volvamos a intentarlo.

Seguro que lo sabes.

Soy la madre de tu amiga, la hija de mis padres, la hermana de en medio. Soy la amiga siempre disponible, y la tipa esa que odias con toda tu alma.

Soy la esposa de tu camarada del alma y la mujer que espera turno para comprar la fruta, y también la sonrisa que te recibe cuando entras a la consultoría buscando una solución a un problema concreto, o la ejecutiva agresiva de una revista de moda, o la que plancha la ropa en la tintorería, o te sirve las copas un sábado por la tarde, o el café de primera mañana, qué más da.

Soy la que elabora el menú, la que lo prepara y la que friega los platos. Soy la que se mete cada noche en tu cama, para dormir o para gemir, según convenga. Soy la madre de tus hijos, la novia, la esposa, la abuela.

¿Quién soy? No la que fui, ni la que seré. Como tú. Nadie puede ver…

 Un prisma con tantos lados que es inclasificable.

 Exactamente como tú.

 Sí, hola, soy Eva, y Lillith, y Atenea. También Venus, pero esa cara sólo está reservada a unos pocos privilegiados.

Soy la que perfuma la casa antes de que llegues, y la que te reprocha todas esas cosas que sabes que están mal y no tienes huevos a reconocer. Soy la que se maquilla por la mañana, la que te desea, la que quiere sentirse deseada, y respetada, y admirada…

 Como tú.

 Soy la otra mitad de la especie, la cruel mujer que te acaricia el cabello mientras duermes. No me tengas miedo, sólo tenme en cuenta.

cuando todo acabe

Apenas unas palabras antes de volver a dormirme…

Apenas unos pensamientos sueltos, y es que estoy demasiado cansada para insultar, o para atacar a nadie.

Necesito descansar de todo.

Escribiré unos versos inconexos perdidos en la noche, tal vez, las últimas lágrimas antes de dejar que la luna llena me llene de su influencia.

Ya he tomado parte en la guerra legendaria, y tendré que luchar hasta desangrarme o ganar,o ambas cosas, aunque me quede vacía.

El aire se niega a entrar en mis pulmones hasta que la transformación se de por terminada, y duele, puedo asegurar que duele.

Cuando todo esto acabe, si sigo viva, habré cambiado y os daré miedo tan solo con verme cruzar la calle, y rezareis para que no tenga nada contra vosotros cuando la luna llena llegue a su máximo esplendor.

Cuando todo esto acabe, si sigo viva, seguiré adelante un poco menos humana, olfatearé el peligro y la muerte un poco más claramente, morderé con más rapidez, iré siempre dos pasos por delante de todos vosotros.

Sí, debereis temerme…

Pero ahora debo dormir y prepararme para la batalla, aunque me cueste lágrimas y sangre, y tal vez el alma.

Cuando todo acabe no sé si seré capaz de volver a escribir, por si acaso, guardad estas palabras, una fotografía en la todavía sonria y corred a esconderos…

Por cojones

Le encantaba aquello. Después de mil días doblando los paracaidas, por fin le tocaba salto.
Cabo primero de la brigada de paracaidistas. Sí, eso era lo que quería, lo que era.
Escrutó una vez más las caras de sus compañeros. Todos hombres rudos disfrazados de muchachos, todos con ganas de sentir el aire golpeándoles, el coletazo del paracaidas al abrirse, el tramendo golpe del aterrizaje que sacaba de una sacudida la adrenalina.

Aquella mañana le tocaba hacer de canguro. Caballeros legionarios, nada menos.
“Maricones” pensaba mientras les aseguraba las correas, y contaba los mosquetones que se agarraban al cable estático.

24. ¿¿24??

“Capitán, tenemos un problema” dijo por la radio acoplada a su cabeza.”Me falta uno”

Lo localizó en seguida. Tendido en el suelo, había perdido la consciencia. Demasiado cambio. Avión distinto, compañeros distintos,altura distinta. Su joven cuerpo no había podido aguantarlo.

Luz verde. “Con permiso, mi capitán”. Lanzó al hombre, después de haber apartado el cuerpo inerte del muchacho de la pista de salto.

Detrás de él, 23 más surcaron los cielos, y ya de vuelta, el muchacho se despertó.

“No lo entiende, mi cabo, tengo que saltar, no puedo perder…”

“Espera, rapaz, a ver qué dice tu superior”.

El avión tomó tierra, y el joven cabo pensaba que el muchacho se iba a volver a desmayar al enfrentarse con su superior. Rígido, firme, balbuceando disculpas.

“¿Quieres saltar?” (Había preferido obviar la parte de los insultos, a fin de cuentas, el legionario era él)

“Sí, señor”

“Vale, hombre, vas a saltar”

Otro avión, otra práctica, otro desmayo. 24 hombres volaron y uno se quedó, tumbado, en el suelo del aparato.

En consecuencia, otra bronca.

“¿Vas a saltar hoy?”
“Sí, señor!!”

“Pues vale, por mis cojones que saltas”

Lo envió con su unidad, el cabo no podía creerlo. Le endosaban a la bella durmiente, Pues si, iba a saltar por sus cojones.

“¿Novedades?” El capitán que pilotaba hacía la pregunta de rigor.

“Sin novedad, mi capitán”

El joven legionario yacía colgando de su cuerda, como un trapo, enganchado al mosquetón antes de dar el salto.
Otro muchacho lo cargó, y lo lanzó como un muñeco relleno de serrín. Se despertó con el golpe del paracaídas, nadie se fijó en su reacción.

Había saltado, por sus cojones.