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04
Sep
09

cuentos de luna (primero)

 

Te busco con la mirada. De hoy no pasa, aunque no te conozca. Ya sabes aquello de que todo tiene remedio excepto una cosa, y aún nos queda demasiado para llegar como para preocuparse de eso.

Como cada día, te veo esperar paciente el metro, distraído en tu mundo, perdido entre las notas que deben salir de los botones que siempre llevas prendidos en tus oídos.

Echo un último vistazo a lo que apunté anoche. Estuve escribiendo hasta entrada la madrugada nuestra historia, y quedó un poco infantil, debo reconocerlo. Debe ser por tu aspecto de príncipe del siglo XXI, tan alto, con esos hombros anchos, esa piel morena de sol, esos ojos tranquilamente burlones, brillantes a cada destello de sol antes de entrar en el andén, a tu pesar.

O tal vez por mi aspecto de elfo oscuro, siempre oculta entre las sombras, tu opuesto en el aspecto que quieras pensar.

El guión está escrito. Es hora de salir de mi escondite y acercarme a ti por detrás, silenciosamente, y sorprenderte con un suave empujón, como quien no quiere la cosa. Murmurar una disculpa, sonreírte, apartar coqueta un mechón de pelo tras mi oreja para que veas la flor de Lys tatuada en mi cuello.

Y te gustará, lo sé. Es igual a la que tú tienes en la muñeca. Te lo haré notar, si no dices nada.

Y no diré mentira, no fue premeditado.

Esperaré paciente que llegue el tren a tu lado, en silencio, si no te atreves a hablar con una desconocida. Esperaré los días que haga falta, saludándote cada mañana, hasta que seas tú el que se alegre de verme, hasta convertirme en una costumbre para ti.

Hay que tener paciencia. Tengo que tratarte con suavidad, no eres un chico fácil. Lo único que quiero de ti es tu piel y tu saliva, tu olor y tu semen, pero debo ir con cuidado o se echará todo a perder.

Sólo hay una oportunidad.

Dejaré en tu mochila una copia de lo que soñé, de lo que imaginé para ambos, y tú lo retocarás con lo que mejor te parezca.

Una mañana, al llegar al trabajo, descubrirás un sobre que antes no estaba allí. La luna aparecerá ante ti al leer las primeras letras, y entrarás en mi mundo de sábanas negras, iluminado por velas, cargado de olor a azahar y jazmín.

Se te erizará el vello de la nuca, pretendiendo que son mis brazos los que lo abarcan, y casi podrás sentir mi aliento en tus labios.

Apareceré ante ti desnuda, suave, nívea, dispuesta a llevarte al éxtasis caricia a caricia, beso a beso, a tumbarte despacio en la gruesa alfombra color sangre, a recorrer tu cuerpo con mi lengua, a morder suave tu vientre, a perderme entre tus piernas.

Poco a poco, irás reaccionando dentro de mi boca, y, dándome la  vuelta, te ofreceré el majar que esconden mis ingles.

Abraza mis caderas, pierde tu lengua en mi interior ahogando el gemido que te provoca mi boca, estrechando tu pene en su interior, retenme junto a tu cara mientras nos empapamos de sudor y fluidos que escapan por la comisura de los labios.

Mis uñas se clavan en tus rodillas flexionadas, mi vientre se tensa, tus músculos se tornan rígidos por el doble esfuerzo de procurarme placer y de soportar el tuyo propio.

Me sacarás de tu cuerpo, y sobre esa misma alfombra, apoyada de rodillas y manos, recibiré en mi interior tus embestidas furiosas, notaré tus manos amarrándome para evitar que caiga de bruces, cada vez más fuertes, arrancando los gritos que durante tanto tiempo deseé elevar hasta esa luna que nos observa complacida, y con un gruñido salvaje te derramarás en mí, y caerás de nuevo sobre la mullida superficie de la alfombra.

Después, tu brazo a  mi alrededor, tus labios apenas rozarán la flor de Lys antes de caer rendido en un sueño profundo…

¿Qué ocurrirá al día siguiente, una vez leído? ¿Me saludarás como si nada ocurriese? ¿Harás realidad el sueño?

De hoy no pasa, aunque no te conozca. Hay que dar paso al siguiente cuento de luna.

28
May
09

Monstruo…

 

Yoneh___Female_Vampire_Char_by_dragon_blade14

 

Camina deprisa
intenta no levantar la vista
no enfrentar los ojos de los demás,
nadie se merece esta tristeza
esta soledad
persistente, inexplicable
nadie merece encontrar la derrota
de frente
que llegó una noche fria
en pleno diciembre

Sin saber como, sin salida
cuando se cae en esta espiral
sin respiro, sin aliento
la cabeza ha de trabajar deprisa
y el cuerpo viste de negro
como la noche, una más,
mas sangre, mas gritos sofocados
por unos labios suaves, terribles,
terror de aquellos a los que amaste
a los que odiaste,
a los que no hace tanto anhelaste.

Ahora se acercan acaramelados sin presentir
su desdichado fin de fiesta.
Tú, vampiro en las sombras,
depredador rebosante de tristeza,
ser inmortal, maldito,
vagas sin rumbo fijo
por esta tierra.

Condenado a amar solo a la muerte
porque ella te rodea,
porque ella es la razón de tu existencia.
Tu corazón no late, no mires a los ojos a nadie,
sólo llora a la luna, sigue hacia delante
porque ya no importa el tiempo que pase.

27
Abr
09

Misiva tercera (Angel)

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La noche estaba siendo tranquila. Llovía a cántaros, y hacía frío, así que de los apenas treinta clientes que habían desperdigados por el local, al menos veinte sólo habían entrado a refugiarse.

 

Le conferían un ambiente raro, gente muy joven, con pinta de ser… muy joven, amarrados a las manos de sus parejas, miraban extasiados a Laura contonearse en el escenario, impertérrita ante su nuevo público. El escultural cuerpo untado de aceite con brillantina que tanto le gustaba, su ropa interior metalizada y el largo  cabello de leona suelto, dando bandazos de un lado a otro al ritmo de la música, al compás de sus finas caderas…

 

Lo cierto es que debía ser hipnótico, si, como es mi caso, no la tienes que ver todas las noches repetir el numerito, y, por supuesto, el de los habituales, que había noches que me prestaban más atención a mi, a pesar de no tener ni de lejos su figura, su cara de niña mala. En cambio, yo era la señora de la barra. Hay veces que un whisky es más apetitoso que una mujer. Y te mete en menos líos.

 

No pude evitar una sonrisa al verle en una mesa al final del local, medio escondido entre una pareja que miraba a Laura casi escandalizados y el punto ciego que dejaba un foco de color rojo, justo tras el haz de luz.

 

Me acerqué despacio, mi susurro le sorprendió.

 

- Buenas noches, poeta, ¿Sólo vas a tomar furcia o te traigo algo de beber?

 

Me dedicó una de sus sonrisas rotas y una larga mirada de afecto. Había pasado mucho tiempo desde que entró por primera vez allí. Un chiquillo asustado que se hacía el tipo duro le pidió su primer whisky a una chiquilla asustada en su primer empleo. En aquel tiempo, la única que parecía saber lo que estaba haciendo era Laura, que aunque un poco más joven que nosotros, siempre ha sido consciente de su belleza, sabedora de que se podía ganar la vida con ella durante mucho tiempo.

 

-         No me llames así, Ali.  Hace tiempo que no escribo nada…

-         Bueno, tu musa sigue ahí, enseñando el tanga plateado. ¿Te traigo papel y lápiz?

-         ¿Eres siempre tan cruel?

-         Ya sabes que si – me salió la sonrisa, a pesar de no querer mostrarla mientras deslizaba en su mesa un vaso de la mejor botella de escocés.

Su manaza enorme pasó por mi cintura y me obligó a sentarme en sus rodillas. Sus labios rozaron mi mejilla y me abrazó, apoyando su cabeza en mi hombro.

-         Eres genial, siempre me haces reir

-         No era mi intención.

-         Ya lo sé, eso es lo que más me gusta de ti.

-         Ni lo intentes, no te está mirando- Me levanté de sopetón- Si hay algo que tengo claro en esta vida es que no voy a ser el segundo plato de nadie.

-         Ali…

 

Su voz se perdió entre las notas de un solo de saxo y el contoneo de las caderas de Laura. Sus intenciones se quedaron flotando en el humo del ambiente y las miradas asombradas de aquellos aspirantes a perdedores que entraban por primera vez en aquel antro. Alguien me preguntó si me estaba molestando. Le dediqué una sonrisa a aquel muchachito vestido de negro que ya se estaba retirando la manga de su camisa dejándole paso a su puño para salir a pasear por la cara del poeta.

 

-         Cariño, aquí nadie molesta ni está de mas. ¿Qué te pongo?

 

No sé cuanto tiempo pasó, entre copa y copa, Laura terminó de bailar. La gente fue despejando, pero el poeta siguió inmóvil en su mesa, con los ojos fijos en el escenario vacío. Ni siquiera se volvió cuando ella salió del local colgada del brazo de un tipo que le había colado en algún momento un billete de los grandes en el hilo del tanga.

Como de costumbre, no se despidió al salir, pero dejó su perfume suspendido en el aire como una nube tóxica.

 

- Niños!- alcé la voz- Se acabó el espectáculo. Mañana a la misma hora, más.

 

Los parroquianos que quedaban fueron saliendo, y nos quedamos solos.

 

-         Poeta, tú también, a menos que pretendas ayudarme a pasar la fregona.- Se levantó despacio, obediente, agarrándose a la silla para ayudarse- menuda te has pillado, eso no puede ser bueno.

-         ¿Crees que aún piensa en mi?

 

La pregunta me traspasó como un cuchillo. Nunca había sido tan claro, debía ser el  alcohol, pero no pude evitar enfurecerme con él.

 

-         No, no piensa en ti como no piensa en nadie que no sea ella. Deja de hacer el imbécil, vete a casa, poeta, y no vuelvas más si estimas tu vida un poco, si aún tienes ganas en algún lugar de esta ruina que es tu alma de salir de esta porquería en la que te metiste por pensar con el cipote.

 

Le empujé violentamente, pero a pesar de su evidente borrachera, apenas se movió. Eso es lo malo de medir poco más de metro y medio.  Me tomó por la cintura, y sus labios se pegaron a los míos, su lengua se coló entre ellos e hizo que mi determinación flaquease por un momento. Tanto tiempo deseando eso…

 

-         Me equivoqué de chica- me susurró al oído

-         Vete a la mierda

 

Y eso hizo. Salió por la puerta mientras encendía un cigarrillo.

Se me quedó en el cuerpo la sensación extraña de que no le iba a volver a ver, aunque siempre que se iba la tenía, así que no le dí más importancia. Observé su figura mientras se alejaba calle abajo, a la tenue luz del amanecer. Se me antojó un detective en apuros… Bueno, en apuros estaba, desde luego.

 

- Te lo tengo dicho, poeta, un whisky trae menos problemas que una mujer- susurré antes de cerrar la persiana.




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