¿Y quien dijo que el hip hop no es música? Te veo en el escenario, con esa postura tan grave, tan afectada, retándonos, desafiándonos, aunque yo sé estás hecho un manojo de nervios, pero eso no se puede dejar salir a la luz del foco.
Tú eres el mejor, y lo vas a demostrar una vez más.
Todo es perfecto, las ropas estudiadamente anchas, la espalda recta, los ojos duros e impenetrables, la lengua suelta, los dos pies sobre el suelo… Sé que te están sudando las palmas de las manos, pero los versos salen cada vez más fluidos de tu boca, y hay momentos en los que parece que te has olvidado de nuestra presencia.
Tan sólo te agarras fuerte el micrófono y te dejas llevar, cierras los ojos, te concentras en impregnar a tus letras amargas la gravedad de tu voz profunda, y únicamente cuando termina la música vuelves a la realidad y agradeces nuestros aplausos como un rey en su trono.
Siempre el mejor, siempre por encima de los demás, sólo porque los demás así esperan verte.
Pero, durante un segundo, mientras das buena cuenta de una botella de agua, tu mirada se cruza con la mía, y durante ese breve período de tiempo puedo intuir al chico tímido y sincero que conozco, y es durante ese segundo que me alegro de estar ahí, contigo, porque me necesitas, nos necesitas a todos, porque en ese momento eres pura fachada, y las estructuras huecas no se sostienen solas.
Pero el show debe continuar, te recompones rápido, y sin ni siquiera permitirte regalarme una sonrisa vuelves al ataque, porque eres el ganador, eres el número uno, el mejor sobre un escenario y a pie de calle, y esta noche tienes que volver a demostrarlo.



Cuaderno de Bitácora del Capitán de la Perla Blanca
Hectrol portafolio
Relatos de Alcoba

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