
Tu mirada se me clava en el alma.”No te necesito” Eso es lo que me dice cuando por casualidades de la vida me la encuentro de frente. Pareces más triste de lo que realmente estás, más enfadado con el mundo, aunque los dos sabemos que no es así.
Aún eres capaz de reirte. Pocas veces, sólo para ti, pero al menos lo haces.
No sé qué te ocurrió. Ni siquiera sé si te llegó a ocurrir algo. De un día para otro mudaste esa sonrisa feliz por otra desesperada, buscando la carcajada donde fuese, como quien busca el aire.
Sonrisa triste de payaso.
Alguien te hizo daño, eso dijiste, aunque como siempre, te dejaste la mitad. Ese toque misterioso tan tuyo. Nunca sabré quien, o puede que sí, eso lo decides tú.
Que me estimas, eso lo sé, aunque no lo digas, no es necesario. Tampoco te lo digo yo, y lo sabes de sobra.
Claro que no me necesitas, viviste veintitantos años sin mi, no intento ser imprescindible, solo visible.
-¿Cómo te va?- mi pregunta insistente
- Bien-Tu respuesta perpetua, siempre con un “pero” colgando que nunca llegas a pronunciar. Una coletilla muda que decepciona.
-¿Qué te ocurre?- Segunda pregunta pertinente , en un intento de descifrar el “pero”
- Nada
Aaaaarrrggggghhhhhh! Me desesperas. Vale, te dejo ya en paz. Y cuando eso ocurre, tú siempre vuelves.
Y si no lo haces, ya lo hago yo.
¿Estoy condenada a dedicarte al menos un pensamiento al día? Bien, no me cuesta nada. ¿Lo haces tú? No, no lo creo, al menos no tanto como a mi me gustaría, no tanto como para darte cuenta de que puedes confiar en mi.
¿Y por que tanto empeño? Joder, está claro. En cierto modo, te quiero, como a un amigo, como a un hermano, y todos nos preocupamos por los seres queridos, todos ansiamos poseer aquello que queremos. Lo único que me lo impide es esa mirada de autosuficiencia, que se viene abajo con dos frases mías. Dos frases que nunca me atrevería a decir.
Sabes que no te comprendo, pero al menos lo intento. Sabes que te respeto, pero no por imposición, no por miedo, solo por ser como eres.
Sabes que me caes bien, excesivamente bien, y que siempre me gustaron las causas perdidas.
Siempre tuya…Daria.
Habeis dicho...