En soledad

Estoy sola. Es una sensación extraña. Estoy sola del todo. No hay ruidos, no hay sonidos, sólo yo y la soledad más densa.

En realidad siempre lo estoy, desde que te fuiste. Bueno, desde antes de eso. Recuerdo mirarte a los ojos, y echarte de menos aún estando a mi lado.Dejé de amarte en ese preciso instante, creo.

Normalmente la gente se agolpa a mi alrededor. Me gritan, me empujan, me exigen, intentan llevarse todo lo que pueden de mí, todo lo que necesitan, sin dar nada a cambio.

Y yo les dejo, claro.

Eso es lo que debo hacer. Si lo hice contigo, ¿Por qué no con el resto?.Hace tiempo que dejé de pedir ayuda, hace tiempo que me acostumbré a esta soledad. Ahora les observo, y a veces aún me produce rabia. ¿Por qué son así? ¿Por qué parlotean sin piedad, taladrando mis oídos con sus banalidades? ¿Por qué todavía me importa? Sin duda la peor de todos soy yo.

Si, en eso sí tenías razón. Maldita hipócrita que sonríe, asiente, abraza…y no siente nada. Es el egoísmo mal llevado, lo admito. Querer que te hagan caso a cambio de una sonrisa. ¡Dios! ¿Cómo pude pensar eso? ¿Por qué iba el mundo a detenerse por una sola lágrima?.

Silencio. No hay voces. Me tumbo sobre la cama. Al fin sola.Tu fantasma revolotea en el techo, siempre tan cerca que casi puedo sentir de nuevo tu aliento en mi cara, tan real que se me eriza la piel.

No te echo de menos, no te confundas. Eras un buen amante, cierto, pero no te necesito.Hace tiempo que la persona que más me quiere soy yo.

Eso es lo que echo de menos. Cuando decías “Te quiero”. No cuando decías “Te necesito”. Eso lo sé. Me necesita mucha gente, gente que, al final, se las apañaría muy bien sin mí.

Supongo que nadie es imprescindible, y no sé si alegrarme o entristecerme ante esta obviedad. Ni siquiera ya la necesidad me ata a este mundo, ni a ti.

Mis manos corren con vida propia por mi cuerpo, me dan un consuelo ante esta extraña sensación de seguir viva sin desearlo demasiado.

Me acarician despacio. Sé que soy yo. Ya no te necesito en mis fantasías, ni siquiera ahí estás presente, y sin embargo, a ti te dirijo estas palabras.

Otra de las contradicciones de la vida. Me gustaría que disfrutases del espectáculo. Me gustaría que entendieses como me siento. Ver y no tocar. Estar cerca de lo que deseas, y no poder moverte para conseguirlo. Correr en círculos, pasar por mi lado mientras me acaricio, mientras te miro, y ni siquiera poder notar el olor que desprende mi cuerpo.

Por que me deseas aún, lo sé. Me deseas, pero no me amas. Dejaste de hacerlo cuando te diste cuenta que te echaba de menos teniéndote delante.Te imagino así, y me desnudo para ti. Mírame, estas curvas que aún te vuelven loco, las recorro milímetro a milímetro con las yemas de los dedos. Empieza el viaje en las caderas, bien formadas, lo sé, soy consciente.

Suben hasta los pechos, juegan con la aureola de color rosáceo que tantas veces lamiste, mordisqueaste y besaste como si fuese la última vez. Los caminos se separan, el tuyo y el mío, el de una mano y el de la otra.

Mientras una se queda en esos montes sagrados, la otra desciende por el vientre, trazando círculos, acelerándome la respiración, sabedora de donde terminará su marcha.Te imagino frente a mi, empalmado, sufriendo por no poder unirte a la fiesta.

 Bienvenido a mi mundo.

Mis dedos recorren suavemente la separación entre los labios, la humedad empieza a ser creciente. Mi otra mano baja en su auxilio, deleitándose por el camino con la piel suave de mi cuerpo.

Sé que te gustaría estar aquí, y eso me excita más aún si cabe.Al fin, un dedo frío encuentra el lugar prohibido para tus ojos. No lo ves, sólo puedes apreciar los efectos del masaje.Mi cuerpo se arquea sobre la superficie de la cama, el sudor aumenta, al ritmo que yo marco, los jadeos pronto se convierten en gritos de placer.Mis piernas se abren involuntariamente, dejando paso a mi amante invisible.

Uno a uno, los dedos se van colando dentro, mientras continúan las caricias. Te gustaba ese juego, lo recuerdo. El índice, se mueve en mi interior mientras pido mas. Se le une el corazón. Se mueven rápido, unos dentro, otros fuera.Tú contra mi voluntad, inmóvil. ¿Quieres entrar? ¿Quieres ocupar tu lugar?

Llegas tarde, como siempre.¿Disfrutas? No mas que yo. ¿alguna vez me has hecho correrme así? No, lo dudo.

Sabes lo que voy a hacer ahora. Sabes que me quedaré muy quieta, mirando al techo, mirándote a ti, a tu fantasma.

Desaparecerás poco a poco como el humo de mi cigarro.Con un par de veces mas, nunca volverás a ser el receptor de mis palabras, nunca te volveré a invitar a mi espectáculo.Porque, a fin de cuentas, nadie es imprescindible.

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Un pensamiento en “En soledad

  1. castelo dice:

    …je, pues vaya ratito le has hecho pasar, al pobre….muy bueno e intenso, como siempre a la hora de afrontar sentimientos…aunque, prefiero pensar que el mundo si se detiene en una lagrima.un abrazo, daria.(muy bueno, insisto, tu blog)

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