Siempre no

Deslizar los dedos sobre el teclado, tocar las teclas justas que a ella le habrían hecho dar un respingo o le hubieran sacado una sonrisa manchada de rubor.

Buscar con el cursor quien está conectado. Hay mucha gente, poca que le interese. Busca de nuevo el historial y sonríe al volver a leer aquellas conversaciones. Sonríe al recordar el calor que le invadía, la dificultad de escribir con una sola mano y la respiración entrecortada.

“Imagina que ahora me acerco a tu casa”

“¿Te cruzarías la ciudad sólo para venir a verme?

“Me cruzaría la ciudad sólo para ir a acariciarte”

Ella nunca se tocó mientras le escribía. “Después” siempre le decía, “Prefiero estar sola”

“Te llamo”

“No”

Hacía más de dos semanas que no se conectaba. No se despidió, no dijo nada. La imaginaba en sus cosas, paseando aquel cuerpo que le hubiese gustado tocar, solo por la calle, imbuida en sus deberes cotidianos.

Aquel cuerpo que tantas veces había imaginado contra el suyo, sudando, jadeando su nombre. ¿Cuántas veces le había pedido una fotografía?

“Sólo en ropa interior”

“No”

Su última palabra fue una promesa. “Hablamos”. Pero no volvieron a hablar.  No volvieron a imaginar juntos caricias y juegos y sofocos y humedad.

No tendría que haberla presionado. Ella sólo quería hablar. Se lo había dicho bien claro.

“No quiero oírte, sólo quiero leerte”

“Déjame escuchar cómo lo haces”

“No”

Siempre no.

¿Cómo se iba a imaginar que la iba a echar tanto de menos? Nadie habló de amor, pero ahora que no estaba…

Se recostó en la silla, miró al techo. Se acordó por enésima vez de su sonrisa, de su olor… De todo aquello que no se atrevía a decirle cuando estaban juntos. De todos los abrazos desperdiciados, de todas las palabras no dichas, y sobre todo, de aquellos roces casuales al pasar junto a ella.

La conocía hacía mucho, y no recordaba la primera vez que hablaron de lo que les gustaría hacer si tuviesen oportunidad. O más bien de lo que les hubiese gustado hacer. Una visita sorpresa, arrinconarla contra una pared, robarle un beso, después otro, y luego una caricia bajo la ropa.

Después ya se vería, a ninguno le faltaba imaginación.

Pero no. Ella nunca quiso.

“Sólo quiero hablar”

Y hablaron, vaya si hablaron. Y rieron, y follaron a muchos kilómetros de distancia.

¨ ¿Qué te gustaría hacer?”

“Quiero tocarte”

“Hazlo”

“No, de verdad”

“Sabes que no puede ser…”

Y ahora la echaba de menos.

¿Cómo puede una persona acercarse tanto a través de una pantalla de ordenador?

Echó un último vistazo antes de cerrar la sesión y los recuerdos. Un mensaje flotaba en una ventana de chat “He tenido problemas con la conexión. Mañana te cuento. Besos”

El calor subiendo de nuevo desde el estómago y una sonrisa de satisfacción. “OK. Mañana hablamos”…

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Un pensamiento en “Siempre no

  1. Auroratris dice:

    Así es y así se siente. Genial tu entrada describiendo miles de momentos vividos.
    Besos

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