Segundo plato

Llovía. Me encantan los días de lluvia, pero no que me pillen con mil cosas que hacer. Lo maravilloso de esos días es quedarse en casa tomando un café caliente y leyendo, o con alguien que te caiga bien, no, maravillosamente bien, en un bar, viendo caer las gotas por la ventana y hablando de… Bueno, de lo que se tenga que hablar,

Yo no tenía mucho que decirle a Eric, ya hablábamos bastante todos los días, pero es de esas personas con las que no te importaría compartir un café una tarde de lluvia. En realidad, pasaba por su casa de camino al supermercado para hacer la compra de la semana y de ahí a casa a terminar un proyecto importante que debía llevar al trabajo al día siguiente.

  • Perdona, te voy a empapar entero- Le dije mientras le daba dos besos cuando me abrió la puerta.
  • Hola- Dijo sonriendo- Da igual. Pasa.

Me cogió el abrigo y me indicó que me sentara en el sofá.

  • ¿Quieres tomar algo?

Una sonrisa maliciosa. Dios, había estado pensando en ello toda la tarde.

  • Un café caliente, por favor. Estoy empapada, y helada.

Le acompañé a la cocina sin invitación. Era muy amiga de Eric, de ese tipo de amigos que entran hasta la cocina sin preguntar.

  • Sin leche, por favor.
  • Ya, y con dos de azúcar.
  • Si

Me entregó la taza humeante y me miró fijamente. Lo hacía mucho, y yo sabía que estaba intentando decir algo, ordenando sus pensamientos.

  • ¿Qué te pasa?
  • Te noto estresada
  • Vivo estresada, parece que no lo sepas. ¿Tienes la camiseta que me dijiste? La necesito para mañana…

Eric trabajaba en una tienda on line de ropa, además de en un bufete de abogados, como administrativo.

  • Sí, ven, a ver si es lo que querías.
  • Yeah-exclamé al verla.

Era preciosa, tal como se la había pedido.

  • Eres un artista, amigo.
  • ¿Te la quieres probar? Así te quitarás esa que llevas, que se te pega todo. Estás empapada…
  • No, que no la quiero estropear.
  • Bueno, pues de te dejo algo…

Se encaminó al armario y volvió con una camisa talla XXL.

  • Es la que solía llevar Sonia para ir por casa. No te importa, ¿no?
  • Gracias.
  • ¿Estás bien? ¿Cómo llevas el divorcio?
  • Bien – Contestó mientras se giraba para darme intimidad- No lo llevamos mal. Ni nos caemos mal. Sólo… Se acabó. A veces pasa.
  • Ya te puedes girar.

Me había desnudado por completo, cubriéndome el cuerpo con aquel enorme trozo de tela con botones.

  • Estás preciosa- Sonrió.
  • Venga…
  • ¿Dónde puedo dejar esto? – Le mostré la ropa mojada que llevaba en la mano. Se aproximó a cogerla y quedó muy cerca de mí.
  • En serio, estás preciosa.
  • Eric…

No pude decir más. Su boca cubrió la mía y su mano se agarró a mi cintura.

No sé por qué, correspondí al beso. Estaba claro que era el segundo plato, el clavo que tiene la difícil misión de sacar el primero, que sólo me quería como amiga… Pero le correspondí.

  • Qué bien hueles-me susurró al oído.- Y enterró su nariz en mi cuello.

Mi mano tomó la iniciativa y se posó en su entrepierna. Los vaqueros anchos no facilitaban la tarea, así que los sorteé por encima del cinturón, arrancándole un suspiro.

  • Quiero follarte-jadeó.

Me empujó suavemente hacia la cama y desabrochó la camisa. Besó mi cuello, mis pechos, mi abdomen y enterró su cara entre mis muslos.

Su lengua jugueteaba entre los pliegues de mi sexo, entraba y salía y lamía y hacía que subiese desde el estómago el calor del deseo mal llevado.

Mi espalda se arqueó con el primer espasmo del orgasmo que se aproximaba y agarré su cabello mientras le suplicaba que no parase.

  • Fóllame-le supliqué
  • Me dio la vuelta suavemente y cubrió mi espalda con su pecho. Notaba su polla dura contra mis nalgas, y me penetró, suave, dulcemente. Sus manos se agarraron a mis caderas y empezó a empujar más fuerte.
  • ¿Te gusta?-jadeó-dime que te gusta…
  • Sigue…-Mi voz trémula le suplicaba que no parase, que fuese más rápido, más…

El sudor empezó a brotar mientras aumentaba el ritmo de las embestidas, y por fin, sus manos se crisparon sobre mi piel y gimió mi nombre mientras se abrazaba a mi cintura y enterraba su cara en mi nuca.

  • Ven aquí-dijo mientras se derrumbaba a mi lado. Me acurruqué en su pecho, y él me abrazó.
  • No te he puesto a secar la ropa-dijo sonriendo.

No dije nada. Sólo sonreí y me levanté poco a poco, retirando su brazo de mi cuello.

  • No importa, me voy a volver a mojar…
  • No te vayas.

Me senté a horcajadas sobre él y le besé de nuevo.

  • No vamos a liar las cosas, ¿no? Hasta mañana, no hace falta que me acompañes. Es lo que tiene ser el segundo plato, que cuando se termina, se da por terminada la cena…
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Un pensamiento en “Segundo plato

  1. aliajo dice:

    Después del segundo va el postre… Y el café y si me a puras, la siesta. Muy bien, artista.

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