SOBRAN LOS MOTIVOS

¿Cuántas veces empecé este relato en mi cabeza sin llegarlo a terminar?

Y ahora aquí estamos, tú y yo, en una habitación cualquiera, de un hotel cualquiera, en una ciudad insignificante dentro del mundo. No importa cómo llegamos hasta aquí. No importa qué ocurrirá después.

Solos, frente a frente, mirándonos fijamente, sabiendo muy bien que es lo siguiente que va a pasar. Das el primer paso, claro. No tienes paciencia, creo que nunca la has tenido, ni yo en estos momentos.

Tus labios acarician los míos, y tu lengua pronto se abre paso entre ellos, mientras tus manos dibujan el contorno de mi cuerpo. Te deseo. Lo sabes, e incluso diría que te hace gracia.

Lo más lógico sería irse y no darte la oportunidad de ganar una vez más, pero no me puedo mover.  No quiero hacerlo. Quiero seguir sintiendo tus manos jugar bajo mi ropa, por el momento de forma inocente, y tus labios acariciando mi cuello. En un movimiento involuntario te acaricio el cabello, te aprieto contra mi. Ahora eres mío. Mañana dios dirá.

En una caricia me desprendes de la ropa. Despacio. Sabes lo que haces, a que juegas, y sabes que lo tienes ganado. Ahora yo, desnuda ante ti. Soy tuya. Recorres cada centímetro con tu boca. Bajas por el cuello, muerdes mi clavícula, lames mis pechos, besas mi vientre mientras caes de rodillas frente a mi.

Empiezo a dudar de quien es el que lleva el mando de la situación. Me deseas. Lo sé. Y si, me hace gracia.

Se me escapa un suspiro al notar tu aliento entre mis piernas. Tus manos me agarran firmes por las caderas, mientras tu lengua empieza a jugar. Me lames despacio, y a cada movimiento, yo me estremezco. Te sonríes a cada gemido que lanzo, y de momento, me tumbas en la cama.  Brusco, como tú eres, dulce, como tú mismo.

Tu cara sigue enterrada entre mis piernas, que se abren para dejarte paso. Mi espalda se arquea, ya no puedo pensar más que en ti. Cierro los ojos, y me dejo llevar. Tu cuerpo se mueve. Ahora estás sobre mi, tu cara pegada a la mía, mientras tu mano sigue jugando, sigue dándome aquello que más deseaba de ti.

-Dilo- susurras

-Fóllame. Suplico.

Tu pantalón cae, no lo veo, pero lo noto.

-No abras los ojos aún.

Entras sin avisar, de un modo brutal. Separas mis piernas, me coges las muñecas, me clavas a la cama, mientras disfrutas mis gemidos, mis ganas, mis “quiero mas”.Tus caderas golpean las mías, nunca pensé que fueses tan fuerte.

Aunque hubiese querido, no me podría haber movido. Ni siquiera lo intento, ni siquiera lo pienso. A pesar de todo, sé que eres un caballero. Tu dulce aliento en mi cuello, tu respiración acompasada a nuestros movimientos.

Yo, francamente, creo que no respiro, sólo puedo pensar en ti, sólo quiero el aire que tú expulses por tu boca, recogerlo para que no se pierda ningún beso. Aflojas la presión, aprovecho para colocarme encima. Mío de nuevo. Ahora me toca a mi saborearte. Me muevo lento, de arriba abajo. Disfruto tu cara, tus manos en mis caderas, el suave tacto de tu piel. No puedo evitarlo, tengo que volver a besarte. Te saco despacio de mi, y me inclino hacia tu boca, después el cuello, tu pecho, tu vientre, tu sexo. Te estremeces. Creo que he llegado donde querías.

Lo beso, lo lamo, te acaricio y me gusta notar como tiemblas de placer. Me acaricias el cabello mientras lo hago desaparecer dentro de mi boca. Suaves gemidos salen de lo más profundo de tu ser, me dejas hacer.  Quiero que disfrutes, y que lo hagas gracias a mi.

-Me voy a correr- Me avisas en un susurro. No me importa, hazlo. Aumento la presión de mis labios, te agarras a las sábanas, noto tu sabor inundando mi boca. Ya pasó. Pequeñas gotas de sudor cubren tu piel. Debo ir a lavarme. Me levanto despacio y me dirijo al baño. Estás exhausto.

Me inclino sobre el lavabo, me sorprende notar tus brazos abrazándome por la espalda.

-Te toca- susurras, con una gran sonrisa reflejada en el espejo. Sonrío yo también, al notar tu mano bajar a mi entrepierna, esta noche va a ser larga, y, por una vez, sobran los motivos.