………

No quiero despedirme nunca.

Todo es una espiral que se repite,

y siempre estás en medio.

La oscuridad alrededor,

la luna no brilla, pero

ya lo hacen tus ojos por ella.

 

 

 

Da igual.

No quiero despedirme,

decir la palabra más triste,

prender un beso en tu mejilla

y volver a tragar palabras que

no deben ser dichas.

Sólo un segundo, no quiero

mirarte.

Pero mis ojos desobedientes

te siguen mientras te alejas

con esa sonrisa que me parte

el alma.

Y la voz se ha vuelto a perder

enredada en el después,

y las horas muertas me esperan

en la cama,

seguras de tu ausencia.

No hay más que decir,

si no queremos despedirnos.

Lo dejaremos para la siguiente,

si reúno el valor

de decir adiós.

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Voy a ser

Voy a ser agua,

rocío de invierno

que corta la respiración.

 

Voy a ser tormenta,

oleaje y viento,

olor a salitre pegado a la piel.

 

Voy a ser hielo

y a construir una coraza

que no se pueda romper.

 

Voy a ser…

 

Océano, río y lago

a ocultar las profundidades llenar de monstruos.

Brillar al sol

a arrancar sonrisas

y tintarme de negro

cuando la noche caiga en mis ojos.

 

Me escurriré entre los dedos

seré tan necesaria

que todos me darán por presente

aunque no esté.

 

Me evaporaré.

Seré sudor de verano,

sudor frío, miedo, y esperaré…

 

Voy a ser agua,

voy a matar de deseo de beber.

 

Voy a ser manantial

que nunca llega al necesitado

que muere de sed, rodeado de océano

Cuenta saldada

Mírame. ¿No era esto lo que querías? Frente a mí, por fin, una noche cualquiera en la que nadie nos va a echar de menos.

Obsérvame desde esa silla y no oses ni respirar. Tú vas a ser el protagonista, tus deseos se van a hacer realidad, y eso debería emocionarte.

Mírame, me he vestido especialmente para la ocasión. Encaje de seda negra sobre la piel más blanca que hayas visto. Sí, negro sobre blanco, palabras de lujuria. Eso es todo lo que vas a conseguir esta noche de mí. Esta es nuestra historia.

La música suena, y estamos solos. La lluvia cae en la calle, como las prendas que se van resbalando por mi piel, esta piel que no vas a tocar, porque así lo decidimos.

¿Quieres que me de la vuelta? Obsérvame mientras me acarician las notas de la canción, mi canción preferida, pero claro, tú no lo sabías. En realidad, no sabes nada aunque te niegues a admitirlo. Simplemente observa cómo me muevo despacio para ti.

¿Puedes oler la piel de mi espalda desnuda? Sí, ahora te dejaré que veas esos pechos que siempre han estado escondidos a tus ojos. Pero no te pongas nervioso.

Primero tiene que acabar de caer el encaje por mis caderas. No puedes evitar seguir el trayecto de la tela con la mirada e intentas liberarte de tus ligaduras.

No, socio. Esta noche va a ser como otra cualquiera. No me vas a tocar.

Mis dedos acompañan la caída y por fin aparezco en todo mi esplendor ante ti. Desnuda, con un fondo de agua justo detrás de mí, como lo habías imaginado.

¿Me acerco? Claro, disfruta de la vista. Mi pié entre tus piernas, apenas apoyado en la silla que te mantiene preso te enseña la visión del paraíso.  Recorro despacio el camino que separa el tobillo de los labios que ahora mismo te gustaría estar besando. Los dedos buscan en su interior y juguetean como tú lo hubieses hecho con tu lengua.

Lo sé, me lo has contado muchas veces.

Un relámpago parte el cielo en dos mientras dibujan círculos con parsimonia, se introducen cuando empieza a aflorar el zumo que te gustaría probar. El cabello me hace cosquillas en la espalda cuando elevo la cabeza y libero el primer suspiro  hacia las nubes de tormenta.

Estás nervioso. Intentas liberarte para saltar sobre mí, pero no lo vas a conseguir. Se me cierran los ojos cuando las corrientes eléctricas me empiezan a tensar el vientre.

Estoy tan cerca…  El calor que desprendo sé que te arde en la cara, mis pechos te desean, mi piel anhela que estés sobre ella, pero…

Estoy disfrutando de esto.  Me encanta ver cómo retuerces  tus  ligaduras de seda negra. Esto fue lo que pediste. Literalmente. Y  tus deseos son órdenes.

Más caricias, más deprisa. Los suspiros se convierten en gemidos, y mi cuerpo se mueve con voluntad propia.  Te oigo gruñir, lejos. Mi espalda se arquea con la llegada del orgasmo, por fin, frente a ti, pensando en ti, como tú querías, con la mano libre sobre tu hombro para no perder el equilibrio. ¿Ha sido tu nombre lo que he pronunciado? Claro, no podía ser de otro modo.

Sé qué es lo que te gustaría, pero no va a poder ser. Huele el aroma del sexo del que nunca vas a beber, siente la seda de mi piel cuando me derrumbo sobre ti al terminar todo. Prueba un poco de mí directamente de mis dedos empapados mientras me recupero… Eso va a ser todo lo que consigas.

A horcajadas sobre ti, casi te dejo lamer el pezón que tienes más cerca, casi puedes sentir el calor que emano a través de tu ropa.  Rodeo tu cuello con mis brazos, me aprieto contra tu pecho. Ahora sí te voy a dejar que entierres tu nariz en mi cabello, como gesto de cortesía. Ahora sí me voy a despedir de ti con la lengua en tu boca, con un beso que te va a arrancar el primer y último gemido de placer de la noche.

Poco a poco, me alejo de ti. No me importa tu sexo abultado, ni tus todavía grandes esfuerzos por desatarte.  No te voy a soltar hasta que se te pasen las ganas de saltar sobre mí.

Recojo la ropa del suelo y empiezo a colocarla en su sitio, sobre mi cuerpo, éste cuerpo que no vas a poder quitarte de la cabeza en unos días.

La llama de un mechero me ilumina por unos segundos el rostro, y una sonrisa cruza mi cara cuando me acerco lo suficiente para susurrarte al oído, mientras te dejo por fin libre.

“Te lo dedico. Ahora… Piérdete”

Hasta que el lápiz quiera escribir

 

 

Fría. No siento la temperatura del cristal manchado del invierno de Madrid, y eso no es buena señal.

 

Ni una palabra, ni dicha ni escrita.

No de momento, ya se han derrochado demasiadas.

Ahora toca el silencio, los pensamientos para uno mismo. Ahora toca callar, disimular y esperar a que pase.

 

En frío, siempre.

 

El calor no es bueno, desbocarse no es bueno. Hay que mantener la calma. Hay que volver a recuperar la temperatura corporal y no sentir demasiado.

 

Puede que siempre haga lo que los demás esperan, pero me cuesta. Me cuesta el frío que ahora mismo se me desborda, pero tranquilidad, por dios… No voy a dejar de sonreír.

 

Ahora toca escuchar las palabras de los demás. Ya vendrán tiempos mejores.

Un muro

La voz fluye. Da igual lo que digas, tu voz reverbera en las paredes, y casi se hace oír a kilómetros de
distancia.

Sigues hablando, no dices nada, pero sigues haciendo que tu voz no descanse. Es tan fatigoso… No piensas
lo que dices, o lo piensas tan rápido que es como si no lo pensaras.

Las palabras pierden sentido y no sé si debería
contestar o quedarme callada mirándote, intentando saber qué me estás diciendo.

Estás tras un muro, te veo, pero algo nos separa, aunque  tu voz
implacable sigue atronando y acelerando mi pulso.

¿En qué momento perdiste el sentido? ¿En qué momento lo perdí yo, en todo caso? No te entiendo, pero
debo reconocer que me gusta cómo te mueves tras el cristal que nos distancia.
Me gusta tu sonrisa, aunque pocas veces me la dediques ya.

Quisiera silenciarte.
Poner mis labios sobre los tuyos, y comprobar que no mientes, que realmente
sientes lo que dices, pero es difícil.

Economía, política,sociedad… Eres como un periódico, impersonal, lleno de palabras que no puedo, o
no quiero entender, porque no es eso de lo que quiero hablar.

Me gusta el sexo.

Quiero hablar de sexo contigo. Quiero que derribes la pared y me hables de orgasmos,
de lo buena que estoy y de lo que me vas a hacer. Quiero que lo hagas sin pedir
permiso, porque hace tiempo decidí ser tuya, pero también puedo decidir lo
contrario, porque la elección es posible, siempre.

Quiero que subas mi temperatura corporal con esa voz atronadora, sin tocarme, que me obligues a
querer seguir aquí, dispuesta a casi todo. Quiero que las ganas de tenerte me
duelan, pero no de esta forma.

Me gustaría que disfrutases de este cuerpo, que sólo quiere que lo acaricies. Me gustaría que me dejases
disfrutar de tus manos recorriendo cada centímetro de mi piel, verte sufrir
porque se acaba mi anatomía y no sabes dónde vas a posar las caricias que te
quedan.

Quiero esas miradas de deseo contenido en medio de la calle, y que me susurres al oído lo que te
gustaría follarme en medio de la calle, ahí mismo, sin importar quién o qué
esté mirando.

Pero sigues el día a día.
Sigues enfadándote por cosas a las que yo no concedo importancia, sigues
diciendo que me quieres como el que desea buenos días a su jefe. Sigues con tus
bromas, con tus máscaras, tras tu pared de cristal.

Continúas poniéndome al día de cualquier cosa que te pasa por la cabeza, aunque no me importe, y tu voz
sigue chocando contra mi cerebro, contra mis ganas de ti, dejando cada vez más
claro que lo único que importa es que se te oiga .

En la oscuridad

Escondida, me escabullo
de la vista, me escondo en la oscuridad y espero a que pase la tormenta. Me
oculto de un mundo que me fascina y me aterroriza a partes iguales, me escudo
en las sombras, y espero tranquila lejos de todos.

Pero allí, aquí, en el
refugio tranquilo y sombrío, tengo tanto tiempo para pensar… ¿Cómo sería tener
el valor suficiente para salir a la luz?

A veces me tienta la
idea, y escribo cuentos que mando al exterior, para los que viven en la luz,
los valientes, no se olviden de mí.

Uno de esos cuentos te
llevó hasta aquí.

“Te tengo” Apenas
susurraste cuando al fin conseguiste asir mi mano en la oscuridad.  No, no me tienes, pero es tan hermoso que
pienses eso…

Sonreí. No lo viste,  ¿Cómo podrías?, pero lo hice. Y tú lo
escuchaste, como el que escucha el aleteo de una mariposa al otro lado del
mundo.

No quiero ser rescatada,
pero tu determinación es tan fuerte, y las ganas de probar algo de la luz que
traes contigo son tan insoportables…

Imaginé otro cuento, y te
lo hice llegar. Un papel blanco con letras impresas, saliendo de mi oscuridad. ¿Crees
que puedes manejarte bien aquí? ¿De veras crees que sabes?

Cuanta arrogancia, y sin
embargo, volviste a guiarte por el latir sosegado de mi corazón, y volviste a
encontrarme.

“Cualquier día no sabrás
regresar” Te advertí, pero tú volviste a pronunciar tus palabras favoritas, sin
pararte a pensar quién tenía a quien.

“Si quieres, siempre
sabré encontrarte”.

Volví a reprimir una
carcajada. Los seres de luz siempre pensais que podeis con todo… Mis labios en
la entrada de tu oído puedo jurar que te sobresaltaron “Siempre voy a querer
que lo hagas, pero ten cuidado”

Me muevo bien en la
oscuridad. No me importa el calor, ni el frío, ni la humedad. No quisiera que
te perdieras aquí por mi culpa, pero puedo intuir tu fuerza, y es insoportable.
Mis dedos se posan en tus labios, los acarician y los hacen enmudecer.

No sabes lo que dices,
pero ahora mismo… Los atrapas y los lames, y no puedo decirte que no. De
acuerdo, escribiré algo para ti si te vas ahora, pero no esperes que lo vuelva
a repetir.

Imagina una historia en
la oscuridad. ¿Cómo podría ser? Seguro que tan solo puede contar dos cosas.
Miedo irracional a lo que no se ve, o el deseo de acariciar al monstruo de
debajo de la cama.

Tus ojos se cierran en la
oscuridad, lo noto como el que siente que alguien le está mirando. Esperas mi
próximo movimiento, y no lo voy a hacer esperar. Deslizo mis dedos empapados de
tu saliva por tu cuello, recreándome en cada textura de tu anatomía. Aspiro el
aroma que se desprende de tu cabello, y puedo notar tu espalda pegada a mis
pechos.

Me molesta tu ropa,
diseñada para pertenecer al mundo de la luz, donde todo el mundo puede
verte.  Te deshago de ella poco a poco.
La tela traspasa tu cabeza, baja por tus piernas. No sé si seremos capaces de
encontrarla después, pero no creo que eso te preocupe demasiado ahora mismo.

Mis labios recorren el
camino que ha marcado, y te noto temblar, no sé si de miedo o de deseo.

Esto no lo esperabas,
pero se necesita para poder escribirlo después. Para que no te olvides de mí.

Me empujas contra una
pared. Siempre queriendo llevar la voz cantante. De acuerdo, hazlo. Atrapa mi
cuerpo, si es lo que quieres.  Clávame
los dientes en el cuello y haz que todo termine rápido. Acaricia mi piel. Es
suave, y blanca como el papel que utilizaré para escribir nuestra historia.
Imprime la tuya, si quieres, escribe con tu lengua todo lo que nunca te has
atrevido a contar, o a decir.

El aire se escapa de mis
pulmones cuando tu cuerpo presiona sobre el mío. También de los tuyos en un
jadeo animal que precede el fin del cuento.

Las piernas enredadas en
tu cintura, las manos asiendo tu nuca, no puedo evitar pensar que éste es el
único momento en el que me tienes de veras, pero tú no dices nada. Atraviesas
mi cuerpo con el tuyo, me arrancas una sinfonía de gemidos y de repente, todo
acaba.

Yaces a mi lado en la
oscuridad más absoluta, desnudo y perdido.

“Te tengo” te susurro
mientras te vuelvo a vestir despacio.
Mañana te despertarás en tu cama, y no sabrás si ha ocurrido de
verdad.  Encontrarás el cuento, pero
sonreirás, pensando que sabes leer entre líneas, que conoces la oscuridad tan
bien como yo.

Bien, no me importa. Siempre
sabré mandarte de vuelta, siempre podré disfrazar la realidad con la ficción, y
lo real con lo imaginario. Siempre podré llevarte de la mano por las tinieblas
de mi mundo, y dejar que pienses que eres tú el que me encuentra.

 

A.

A.

Mi querida amiga:

Hace ya tiempo que quería hacer esto. Ya sabes, ya lo hemos hablado: Escribirte una carta contándote todo aquello que de normal no te contaría, confesarte cosas que ni yo supiese que pensaba, o sentía, o me ocurrían dentro de esta cabeza loca que tanto dices que admiras. (Sigo pensando que lo dices para que no me venga abajo, y… Funciona, como todo lo que haces).

Pero después de darle vueltas durante meses (Desde primavera. Recuerdo el primer intento rodeada de semillas voladoras en un parque de Leganés. Fue infructuoso, como los demás intentos que siguieron a ese), he llegado a la conclusión de que es imposible.

Hemos conversado tantas veces, nos hemos leído tanto, hemos escrito tanto mezclando la realidad con la ficción que jugar a separarlo se convirtió en una costumbre que nos ayudó a conocernos tan, pero tan bien… Te he contado sueños, deseos y fantasías, de forma velada o abiertamente a través de una pantalla hasta la una, o las dos de la madrugada.

Vacié mi alma en cada conversación cada vez un poco más, y en cada texto, en cada mirada cuando nos encontrábamos, y aún así… Te debo algo.

Es como el beso aletargado en la comisura de los labios de la madre de Wendy, o esa molesta sensación de que te olvidas algo importante. Tengo la impresión de que tengo algo guardado para ti, pero no sé donde lo he puesto.

Y por eso escribo esta carta, para intentar averiguar qué es.

He pensado que tal vez se trate de tiempo. Es un bien tan preciado que sería un regalo maravilloso para una mujer maravillosa, pero lamentablemente para recibir tiempo es necesario disponer de él, y no es el caso en nuestra posición en la vida.

Pero sí me gustaría poder para pasar una noche en vela contigo, compartiendo vino, chocolate y sofá. Conversaciones que nunca se deberían repetir después . Sentir que disfrutamos de la mayor de las calmas, notar tu cabeza en mi regazo, poder ver tu cuerpo sacudido por la risa provocada por ideas locas que seguro que se nos ocurrirían y poder terminar esa noche satisfechas de la compañía, guardando ganas de más.

Pero no es eso lo que te debo.

Es sólo una fantasía recurrente de amistad perfecta, libre de las barreras del saber estar de las que ambas somos esclavas.

Luego pensé que quería escribirte algo para que te sintieras más segura. Una de esas verdades fundamentales de las que está hecha la realidad más absoluta, pero mucho me temo que, una vez más, va a ser una carta repleta de dudas, de deseos y de todo lo vago y etéreo, e inconsistente, que suele rellenar el vacío entre dos personas.

Porque a pesar de todo lo dicho, de todo lo escrito, de todo lo vivido, aún estamos lejos. He pensado muchas veces que a ti te pasa lo mismo, que me notas tan remota que cuando piensas en mí te sientes tan sola como yo.

Porque parece que siempre se me escapa algo de lo que no me acabo de dar cuenta, que esos ojos (No recuerdo si verdes o azules, como en la canción… Bueno, sí lo recuerdo) siempre me miran expectantes, esperando que pronuncie aquello que no sé que debo pronunciar.

Te debo esas palabras que nunca han salido de mi boca… ¿Se te ocurre algo más vago y etéreo que eso?

Pero es tan importante…

No las voy a decir, por el simple hecho de que no sé cuales son. Espero que sepas perdonarme.

No va a valer que te vuelva a decir lo que te quiero, lo que te admiro. No vale decir que el mundo, mi mundo, sin ti, sería un poco más triste y estaría un poco más vacío. No vale todo eso porque eso lo sabes, y te lo he dicho.

Lo que ambas esperamos nunca saldrá de estos labios, ni de estos dedos.

El beso en la comisura de mis labios se quedará ahí, por muchos que te dé. Aunque sabes de sobra que siempre será para ti.