No sé…

.¿Llueve? No lo sé, y me da igual. En sus ojos siempre hace buen tiempo, siempre sonríe, aún estando triste, a veces.

Ahora, perdida en su recuerdo, el eco de su voz rebota en las paredes y me hace sentir menos sola. En este preciso instante, está conmigo, aunque ella no lo sepa. No sé si llueve o la luna está en todo su esplendor en el cielo, pero me es indiferente.

Mi niña de porcelana, ajena a todo lo que provoca. Camina, sonríe, vive en la distancia, y tan sólo de vez en cuando, coge mi mano, empeñada en cuidarme, aunque todavía ahora intento no dejarla demasiado, por lo que pudiera pasar.

Nunca fui de enamorarme, nunca de otra mujer. No es mi estilo, pero ahí está, inalcanzable, dulce, tentadora como la manzana de la sabiduría, como la caja de Pandora.
 
Evoco su cuerpo, tan distinto del mío, a pesar de todo. Sus piernas largas, su cabello suave, sus ojos verdes, su piel sedosa y la firmeza de su mano cuando estrecha la mía en ese gesto de complicidad tan suyo.

Si supiera que se me eriza la piel, que la tentación de posar los labios en su cuello blanco, inmaculado, de hundir mi rostro en su hombro para aspirar su aroma… ¿Qué ocurriría? Intento imaginar su cuerpo enredado con el mío, pero la vergüenza me impide seguir, no por ser otra mujer, sino por ser ella.

Intento imaginar a qué sabrían sus labios, la expresión de esos ojos que veo en la oscuridad de mis noches a solas si me atreviese a tocar un solo cabello suyo. No quiero perderla, no quiero seguir así, sonriéndole, aparentando que no ocurre nada, pero no hay solución posible.

Yo siempre estoy bien, para ella. Tiene que ser así.
Siempre disponible, siempre dispuesta a hacer el último esfuerzo sólo para estar con ella un día más.
 
No sé si llueve o las estrellas han tomado el firmamento esta noche. Yo permanezco en la cama, con los ojos fijos en el techo, sin atreverme a imaginar, sin atreverme a respirar siquiera, por si su recuerdo sale volando

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Vamos a ser sinceros, al menos, una vez al año. No somos los mejores amigos que se pueda esperar.

Yo nunca te miro a los ojos, tú nunca has pasado el brazo alrededor de mis hombros. Yo nunca he bebido hasta marearme a tu lado, y tú nunca me has acompañado a ver una puesta de sol.

No somos la primera opción el uno para el otro, y sin embargo, aquí estamos, juntos, en cierta forma.  Vas, vienes y me alegras el día cuando al fin consigo que sonrías.

Yo no soy mucho mejor que eso. En realidad, no hago ni la mitad de cosas que se supone que hace una buena amiga, pero tienes que saber que me alegra haberte conocido.

Que por alguna extraña razón, una fuerza me lleva siempre hacia las mismas personas, y que tú eres una de ellas. Que es algo que no quiero evitar, porque aunque no estemos, sé que sí estamos, que de vez en cuando el cerebro viaja hasta donde está el otro y se pregunta cómo le irán las cosas, que intentamos por todos los medios saber… Y una vez sabido, nos quedamos mucho más tranquilos.

Que a pesar de todo, es una suerte que seas mi amigo, que gracias a tí he aprendido a no clasificar a las personas y a quererlas tal y como son, a quererte tal y como eres.

Tal vez algún día consiga acortar la distancia, aprender a no tener que preguntar, no es la primera vez que lo hago. Tal vez, algún día, pueda hablarte con franqueza, a no esconderme tras el escudo y consiga desmontar el tuyo… O tal vez no.

No esperes que me disculpe por intentarlo.

Hoy por hoy, sólo sé que el mundo sería un poco peor si no estuvieses. El resto del camino, lo marcas tú, yo decidiré si te sigo por todos los recovecos, pero sé que, al final, siempre nos vamos a encontrar.

Para tí

En estos momentos daría la mayoría de lo que tengo por estar contigo. En estos momentos, ahora, quisiera poder acurrucarme en tu regazo, apoyar la cabeza en tu hombro y con la nariz pegada a tu cuello, dejar que me arropases con tus palabras, dulces susurros, aunque me repitieses todo aquello que yo sé, que yo misma me repito todas las mañanas para, si no dar un paso, al menos no retroceder.

Quisiera que el cielo llorase al otro lado de la ventan, que sólo estuviésemos tú y yo, y un sofá de tres plazas color granate y un par de copas de vino.
Quiero que me cuides, sólo por una noche, abandonarnos a una conversación a media voz, a risas solapadas que arropasen  ese momento de intimidad compartida, ese momento que no compartiríamos con nadie más.

Ahora, hoy mismo, quisiera ser capaz de desarmar mi escudo, de ser capaz de confiar en ti como no lo he hecho nunca con nadie, porque estoy cansada de suponer que sabes que te quiero y que te echo de menos, porque quisiera poder decírtelo más a menudo, que lo notaras en cada palabra que te dedico.

Que te creas de una vez que eres el beso que todo lo cura, que eres la sonrisa que viene después del beso, que de verdad me falta la música de tu voz y el silencio de tus ojos claros.

Así, aunque en estos tiempos revueltos no esté tan presente, quisiera, a pesar de todo, poder hacerme pequeña a tu lado, encontrar el remanso de paz en las modulaciones de tu voz y prometerte que te cuidaré cuando lo necesites también, por ahora, para siempre.

PD: Para mi niña, gracias por todo…