Sábado noche

La escucho, una y otra vez. Sus notas tristes, melancólicas me han acompañado tantas veces…
Me he imaginado mil historias con esta banda sonora, y ahora no soy capaz de recordar ninguna. ¿Qué mas da? Ella cuenta su propia historia, que es la misma que la mía.
Sábado noche, de paseo por la ciudad.
Invierno, abrigo largo y labios rojos. De luto, aparentando ser la mejor, sintiéndome a cada paso un poco más desgraciada.
Cosas de la juventud, que se le va a hacer.
Luna de hielo que nunca sonreía, y cerveza a mansalva. Un trago, una preocupación menos.
Una mirada que cruza el bar, indiferencia fingida. Ese era el juego.
Dos ojos que se iban tras los besos perdidos, una piel que deseaba  ser deseada, y al final, todo dependía de cuanto se había bebido.
 La compostura lo era todo, la princesa de la oscuridad… Por suerte, ya no es así.
Pero me sigue embelesando esta canción, y lo que tal vez eche más de menos sean esos paseos en solitario por la ciudad a medianoche, esa sensación de que nada malo puede ocurrir si llevas a alguien cantando en tu oído, que la oscuridad de los callejones no es tan terrible, que las luces te arropan, que la humedad te acaricia los huesos y el aire frío  te besa y que, después de todo, no estás caminando tan solo..

Cinco minutos

Cinco minutos, ahora que no mira nadie. La película en marcha, la casa en silencio, todos duermen. No todos, yo no, tú casi.

No me puedo concentrar en la cinta. Sólo te puedo mirar, ensimismado de cara al televisor. Malditos dvd, ni un anuncio, ni un momento de distracción que te devuelva a mi realidad, que te haga desperezarte, girar la cabeza y sonreírme, como haces siempre que me miras.

Me acurruco sobre ti, te abarco con un solo brazo, reposo mi cabeza en tu hombro, y tú me acaricias la espalda. No me miras, pero tus labios de medio curvan. sí, capté tu atención.

-No te duermas- susurras- ahora viene lo mejor

Te acaricio el pelo con la mano que quedó en tu espalda, mi boca busca tu cuello. Sí, ahora viene lo mejor.

Aparto el recipiente con las palomitas, cruzo una pierna por encima de las tuyas. Hazme caso, por favor, estoy aquí…

Tú vuelves a sonreír al notar mi lengua detrás de tu oreja, ejerces presión en mi hombro como queriendo imitar un abrazo y susurras de nuevo

-Ya no queda mucho. Espera un poco y soy tuyo.

Cierro los ojos y vuelvo a apoyarme en tu hombro.

-ok-murmuro resignada- avísame cuando acabe. No siempre se puede ganar.

¿Y ahora?

De  vuelta. De nuevo. No hay modo de separar sus vidas. El corre, ella se esconde, pero siempre vuelven al punto de partida.
Él la encuentra, ella le alcanza con tan solo un saludo. Da igual el tiempo que pase, da igual que él se vaya, que ella no le espere.
Siempre el mismo punto, siempre terminan por encontrarse los ojos que nunca debieron separarse.
¿Y ahora?
Un café a media tarde, un “¿Qué tal, princesa?”, un “Me alegro de volver a verte”… Nada más, nunca pasa nada más.
Sólo aquella noche lejana, que sus cuerpos se fundieron en mil caricias, que sus labios gritaron en silencio aquello que tantas veces fue reprimido antes. Y después.
Eran jóvenes, habían bebido… Bueno, los niños y los borrachos siempre dicen la verdad, o al menos su verdad,  y actúan en consecuencia.
Después, echarle de menos. Después, no volver a pensar en ella. 
Pasó el tiempo de dibujar  corazones, pasó el tiempo y se hicieron mayores… Y la cortesía sustituyó a la verdad, y las miradas francas desaparecieron, poniendo como excusa el preservar el cariño.
Nunca un “te amo”, que pugnaba por salir a flote en cada roce. Nunca…
Juntos, siempre. Esa fue la promesa silenciosa de los días de parque y heavy metal. Juntos, aunque sea en la distancia.
Te prometo un pensamiento al día. Te prometo no olvidarte…
Y las promesas se rompieron, que para eso las inventaron, pero continuó el corazón dando un vuelco al pasar ante su casa, la mirada se escapaba en dirección a su ventana, aún sabiendo que no estaba allí.
Sus dedos bailaban en torno a las teclas de un teléfono móvil, sin llegar a marcar, aún sabiendo que al otro lado, se esperaba esa llamada.
Ya no más paseos por el parque, ya no más fiestas, ni atardeceres solos. Ya no más confidencias, ni más secretos románticos.
Se hicieron mayores, y el otro fue como un sueño. Un sueño de infancia que no se quiere olvidar, que no se quiere admitir, por vergüenza o por miedo al ridículo.
¿Y ahora?
Un café a media tarde, un “¿Qué tal, princesa?”, un “Me alegro de volver a verte”… Nada más, nunca pasa nada más.
Sólo cuando las miradas se encuentran, sólo cuando los labios rozan la mejilla en un saludo formal, necesitan olvidar aquellos recuerdos de atardeceres, de alcohol, de bromas, de besos inocentes, de caricias inexpertas.
Sólo queda contener la emoción, aparentar que aquí no pasa nada, que nunca se quisieron más que dos colegas de correrías cualesquiera, porque ella era de la pandilla, porque él era intocable, porque ya no están para esos trotes, porque ya son mayores.
Así que se limitan a las bromas de siempre, y no se acercan al terreno peligroso. Él no pregunta, ella no habla, y así quedan, como amigos, como siempre

Lluvia en soledad

El silencio lo inunda todo. Ni un coche, ni una sola voz, sólo el repiquetear de la lluvia, cayendo sobre una ciudad que se me antoja vacía, insulsa, con sus luces agonizantes, decadentes, parpadeando como ojos asombrados ante algo que no comprenden, enarbolando  estoicamente sus colores faltos de significado.

Asomada al balcón soy espectadora privilegiada de este marchito escenario sin más actores que yo misma y mis pensamientos.

Hace frío, pero no quiero volver a la cama. Sé lo que ocurrirá. Ocurre noche tras noche, desde que te fuiste.

Allí, solo me espera tu ausencia, que me abraza intentando reconfortarme, lanzando una promesa al aire,  la que me cantará la nana para conciliar el sueño, que nunca llega, sin que antes mis manos recorran el camino que tú marcaste en mi cuerpo, despacio, recordando tu olor, madera noble de árbol antiguo,  el sabor a sal de mar que inundaba mi boca al pasear mi lengua por tu piel, mezclando mi saliva con tu sudor, mordiendo, arañando, deseando cada centímetro de ella.

Sé que acariciaré mis pechos casi con vergüenza de admitir que te echo tanto de menos, deslizaré la yema de mis dedos entre ellos, rozando suavemente mi vientre hasta llegar al monte de Venus que tantas veces has conquistado.

Evocaré tu aliento entre mis piernas, emularé el movimiento diestro de tu lengua, las caricias húmedas que me hacen estremecer al notarte paseando entre mis labios, jadeante, cuando se te olvida respirar cediendo al deseo de no terminar nunca de oírme gemir tu nombre.

Entraré con mis dedos en mi ser, deseando que seas tú, deseándote hasta que me duela, y mi cuerpo se arqueará en un orgasmo triste, empapado de tu ausencia.

Mientras, la lluvia sigue cayendo, como  lágrimas que yo no me permito derramar, el frío volverá a apoderarse de mi, aún con la piel húmeda de recordarte, sin conseguir apagar del todo el calor que provocas aún sin estar presente.

Volveré a quedarme quieta deseando oír de nuevo tu respiración junto a la mía, y al fin me dormiré, aguardando sentirla una vez más.

Una noche

soledad23

Esta noche llueve a mares Llueve y hace calor, pesado, húmedo, pegajoso… calando en mis huesos, en mi carne, haciéndome sudar. Incluso este vestido indecente me sobra. Paso la mano por el cuello, empapado, por el nacimiento de los pechos, y por debajo de la tela húmeda hasta los muslos.

Vaya, así es como tú me acariciaste, y así es como me gusta…

No suena el teléfono, hace ¿mil? años que no sé de ti.(Son dos, dos años, tres meses y ocho días). Me sonríes desde una fotografía y provocas un pinchazo en mi costado, entre el deseo y el anhelo del olvido.

Tumbada sobre el sofá, tu cara entre mis manos, mirándome, enseñando tus dientes en una magnífica mueca empapada de alcohol. Nunca nos amamos. Sólo una noche, sólo eso y una luz fugaz que te atrapó a traición  para siempre en un álbum de recuerdos.

Era invierno y me hiciste sudar como ahora, como si hubiésemos bailado bajo la lluvia.

Me besaste, te mordí, nos arrancamos unos cientos de suspiros que nunca llegaron a formar un nombre. ¿Qué más da? simplemente, follamos en un callejón, son cosas que pasan.

“Ya te llamaré” Pantalones que suben a toda prisa

“No te molestes”voz trémula, rodillas flojas, ropa interior empapada, de sudor, de deseo, de ti…

No, nos amamos ¿Y qué?

La lluvia sigue cayendo, y no se lleva el recuerdo de la locura de un instante, no se lleva el recuerdo de tu cuerpo contra el mío, empotrado en una pared .  El sudor sigue cayendo, y no calma el deseo que me eriza la piel.

Cierro los  ojos, oigo el repiqueteo de la lluvia fuera, y la foto se moja en el suelo de la calle. No te necesito, me valdría cualquiera.

Nunca viví de recuerdos, nunca necesité un cuerpo, ni un estimulo.”No te molestes” resuena en mi cabeza, bonita respuesta, qué fácil habría sido.

 No nos amamos, sólo fue una noche. Lo repetiré muchas veces mientras algún coche aplasta tu fotografía en el asfalto. Lo repetiré hasta que me duerma, o hasta que me lo crea.

Café de media tarde

38206356-303

Te miro de nuevo, y vuelvo a quedar atrapada en tus ojos abismales, insondables… Tristes. Nunca reflejan la sonrisa que me ofrendas.

El contorno de tu cuerpo se recorta en la luz anaranjada que inunda la cafetería, y hablas, dices algo insolente, como sueles, aunque por alguna extraña razón no soy capaz de enfadarme contigo… Como suelo.

Me pierdo en algún momento de la conversación intranscendente, al menos en apariencia,y caigo en el extraño inframundo que conforma tu cerebro, en ese pequeño cosmos marginal en el que las personas no son personas, son simplemente amigos o enemigos, sin término medio.Blanco o negro, sin concesiones a las medias tintas.

No intento sacarte de tu error, no quisiera desbaratar esa frágil percepción de la vida con un cataclismo de colores. No quiero pasar al otro bando, me encuentro bien en el de los amigos.

La tarde termina, aunque parece haber pasado solo un segundo. La luz naranja se vuelve dorada, y es hora de marcharse ya. Te observo fingiendo perder la mirada entre pedazos de almojábanas, pizzas resecas de estar todo el dia expuestas y algún que otro dulce que será deshechado al cierre.

No hemos aclarado nada, tampoco había intención de pronunciar grandes sentencias que nos cambiasen la vida. Tan solo se trataba de tu, yo, un café y nuestras miradas cruzándose diciendo todo lo que nuestras bocas no están dispuestas, en ese juego que, en el fondo, tanto nos gusta.

Trazos de pensamiento

darkreaper

 

Paseo matutino. Voy sin prisa pero sin pausa, como la tortuga, hasta mi cárcel de cristales opacos. No se ve el exterior, el exterior no me ve. Estoy pero no, es la canción de siempre.

Mientras camino, mi cerebro va a diez mil por segundo (velocidad absurda), tan rápido que no soy capaz de formar palabras. Sólo ideas en tres colores, morado, azul y negro.Y es que llueve, y no puedo evitarlo.

Tu imagen, azul claro, la suya, morado amenazante, la mía…oscuridad. He vuelto a desaparecer en el mar. No importa, siempre vuelvo.

Ahora que lo pienso, nadie me acompañó a ver la playa cuando llovía, a ver cambiar el dorado por marrón y verde por gris. Las olas me gritan y las gotas me salpican (claro, ¿Qué pensaba que iba a hacer una gota?)Y empapada, sigo mi camino lejos de allí, justo en la otra punta de la ciudad, echándolo de menos.

No estoy triste, no lloro con el cielo. No me da pena. Necesitamos que llueva, debería alegrarme…Tampoco.

El viento me azota y te imagino llegar en un navío a lo lejos, por la v-30 (con diez cañones por banda y todo ese rollo). No vienes a rescatarme, solo a coger lo que es tuyo.Llego y me siento. Aparece el prado de Windows a las nueve y cinco, y los líos diarios a las nueve y diez. Pero son casi las doce y no consigo concentrarme.Estoy harta de esto, de oír la lluvia caer y de leer todo lo que se me pone por delante. Harta de tomar decisiones o de definir mis gustos. No lo se. Punto. Dejadme tranquila.

Sólo puedo pensar en que quiero que seas lluvia, en que quiero que seas tú el que me humedezca, porque contigo nunca pasaría frío a día cuarenta de mayo. Mis ojos buscan la poesía escondida tras el icono del Internet Explorer, y me hace sentir menos sola, pero no del todo acompañada en mi celda. Si me ocurriese algo no me salvaría, pero velaría mi cadáver hasta que llegase alguien, y eso es siempre un consuelo.

Pero no me hagáis caso, mis queridas letras amigas. Es sólo que hoy me ha tocado el papel de ser trágico, envuelto en negro, porque los demás colores ya estaban pedidos.Si mañana me toca blanco o rosa, os haré reir…