Para tí

En estos momentos daría la mayoría de lo que tengo por estar contigo. En estos momentos, ahora, quisiera poder acurrucarme en tu regazo, apoyar la cabeza en tu hombro y con la nariz pegada a tu cuello, dejar que me arropases con tus palabras, dulces susurros, aunque me repitieses todo aquello que yo sé, que yo misma me repito todas las mañanas para, si no dar un paso, al menos no retroceder.

Quisiera que el cielo llorase al otro lado de la ventan, que sólo estuviésemos tú y yo, y un sofá de tres plazas color granate y un par de copas de vino.
Quiero que me cuides, sólo por una noche, abandonarnos a una conversación a media voz, a risas solapadas que arropasen  ese momento de intimidad compartida, ese momento que no compartiríamos con nadie más.

Ahora, hoy mismo, quisiera ser capaz de desarmar mi escudo, de ser capaz de confiar en ti como no lo he hecho nunca con nadie, porque estoy cansada de suponer que sabes que te quiero y que te echo de menos, porque quisiera poder decírtelo más a menudo, que lo notaras en cada palabra que te dedico.

Que te creas de una vez que eres el beso que todo lo cura, que eres la sonrisa que viene después del beso, que de verdad me falta la música de tu voz y el silencio de tus ojos claros.

Así, aunque en estos tiempos revueltos no esté tan presente, quisiera, a pesar de todo, poder hacerme pequeña a tu lado, encontrar el remanso de paz en las modulaciones de tu voz y prometerte que te cuidaré cuando lo necesites también, por ahora, para siempre.

PD: Para mi niña, gracias por todo…

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2-2-09 (Un año)

Creo que hay pocas cosas que te pueda decir que no te haya dicho ya, pero tengo la necesidad de volver a hacerlo, para darte ánimos a ti, para dármelos a mi, que a veces también lo necesito.
Un año ya, un año de idas y venidas, de nervios, de sonrisas, de llantos, de facturas astronómicas de teléfono (Siempre he pensado que la compañía de teléfonos va a ser quien lo más lo lamente cuando al fin podamos estar juntos). Pero sobre todo, un año de felicidad, de esperanza, de aprendizaje y de paciencia.
Quiero agradecerte todo lo que has hecho por mi, por nosotras, durante estos 12 meses. Quiero agradecer tu estoicismo, tu alegria, tu  optimismo, habernos introducido en tu vida, que contases conmigo para todo, como si hubiese estado a tu lado desde siempre, como si fuese parte de ti mismo.  Por darme las fuerzas cuando me han faltado y por permitir que te ayudase cuando lo has necesitado, que han sido muy pocas veces.
Eres un ser muy especial, una de las personas más buenas y válidas que he conocido, y siento que antes de estos doce meses había estado perdida, sin rumbo y sin futuro hasta que te conocí. Desde aquel “Ahora te toca ser feliz” hasta ahora ha llovido mucho, un año para ser exactos, y hemos vivido más que muchas parejas a las que he conocido que llevan juntos una eternidad, pero que cada noche se acuestan con un extraño en la misma cama. Tú y yo hemos compartido pocas veces esa experiencia, pero en todas y cada una de ellas, me he sentido arropada, querida y protegida, desde la primera noche, desde la primera vez que posaste tus ojos en mi en aquella estación de tren.
Ahora, lo único que quiero decirte, es que perdones aquellas estúpidas dudas que de vez en cuando me asaltan, quiero prometer que nunca van a volver… Aunque en el fondo, sé que no es cierto, así que solo te puedo prometer que te haré saber cuando se acercan, y que trabajaré para que no se cumplan dos años en la distancia, que intentaré con todas mis fuerzas estar contigo lo antes posible, por el simple hecho de que dos mitades tienden a estar juntas, y que yo he encontrado a la mía.
Todo esto se resume en dos palabras que te he repetido hasta la saciedad, pero que no por ello dejan de ser ciertas o de tener el mismo significado, por muchas veces que salgan de mis labios : Te amo.

Primavera

Mi querido Javier:

Ya me queda poco para estar contigo y hacerte compañía, creo que esta misma noche emprenderé el camino, así que ya no queda tanto. Han sido muchos años separados, y ya va siendo hora de volver a casa, contigo.

No he podido contarte hasta ahora todo lo que ha ocurrido desde que te fuiste, primero porque la tristeza no me dejaba aceptar tu marcha, luego, estuve muy ocupada con nuestros nietos, tenían que crecer, y me necesitaban. Luego, poco a poco, una nube se fue apoderando de mi cabeza, tuve que dejar la casa donde tan felices habíamos sido, y venir a vivir con nuestra hija, los bebés se hicieron mayores, las niñas se casaron y he podido ver a nuestros biznietos nacer y convertirse en dos niños, revoltosos como lo eran sus madres, y hermosos como ellas, o tal vez más.

Durante un tiempo, años diría yo,  no estuve bien. No podía ni siquiera recordar cuando era de dia, o de noche. No podía saber si habíamos comido, o no, ni el qué, y no fui capaz de mantener una conversación coherente.  ¿Te imaginas? Yo, que siempre estaba de charla con la tendera cuando bajaba a por el pan.

Nuestra hija, que también se hace mayor, cada vez tenía menos paciencia conmigo,  y siempre acababa gritándome. Si hubieses estado aquí, no lo hubieses permitido, pero, en el fondo, da igual, a los cinco minutos no me acordaba de nada…

En realidad, durante mucho tiempo, sólo pude acordarme de nuestra juventud, de cómo nos conocimos, lo bien que lo pasamos merendando en el río, y de lo mal que lo pasamos en esa maldita guerra que se llevó a tantos amigos. Recordaba cuando te tuviste que ir a Casablanca, durante tanto tiempo, y la ilusión con la que esperaba tus cartas, y la emoción de cuando volviste para quedarte conmigo, para siempre…
No, para siempre no. ¿Quién me iba a decir que te irías antes que yo?  En esa mesa de operaciones, auque me dijiste que saldrías en seguida y podrías caminar, e iríamos a ver a la pequeña tomar la comunión… Nunca saliste de allí, sólo tu cuerpo que tuvimos que enterrar, que tuve que enterrar sin llorar, para que nadie se compadeciese de mí.
 
Sin embargo, esta noche es distinta. Esta noche no me duelen los huesos, y sé lo que estoy pensando. He tenido que levantarme  a hurtadillas a coger lápiz y papel para escribirte. ¿Sabes cuantos años hacia que no escribía? Desde que tenía que mandar las notas a las monjitas del colegio de las niñas.  Y ahora son sus hijos los que van al colegio… Cuanto tiempo ha pasado, mi querido esposo…

Es casi primavera, casi es el aniversario de tu muerte, y creo que esta noche, al igual que el dolor en mi cuerpo, y la nube en mi cabeza, yo me voy a ir contigo. Ya no hago falta aquí, hace tiempo que no soy más que un estorbo, o eso es lo que yo creo, aunque revivo un poco cuando la más pequeña de nuestros biznietos me alarga una galleta de su merienda  y me sonríe, o cuando su madre me pide que la vigile mientras ve los dibujos y ella tiene que ir a limpiar la cocina. Sí, la rebelde, la que siempre lo dejaba todo por el medio, limpia la cocina para su niña, y yo ya no puedo hacer nada…

Si, querido, esta noche me convertiré en un recuerdo para ellas, me quedaré atrapada en una fotografía como te quedaste tu hace tantos años. Esta noche empieza la primavera, después de un invierno largo y doloroso, y esta noche, estés donde estés, estaremos juntos para siempre.

P.D. : No sé cuando será, pero se huele. Si le digo cuanto la quiero, seguro que no se acuerda a los dos minutos, así que dejo esto aqui, para… La verdad, no sé para que, supongo que para agradecerle todo lo que ha hecho.

Sueño

Estoy cachonda. Si, y lo digo con vergüenza, no te vayas a creer, pero es algo natural, que pasa en las mejores familias, incluso en la mía.
Miro al parque desde mi ventana, y les veo. Esas chicas, abrazadas a esos … ¿Cómo les llama mi madre? ¿Maleantes? A mi no me lo parecen.
Quien pudiera estar en su lugar. Se abrazan, se besan, y los más atrevidos deslizan su mano bajo la ropa de esas muchachas. Están escondidos, arropados por la noche y la vegetación, pero yo les veo, los siento…
Y yo aquí, sola, con un calentón de la hostia.
Vamos, ¿Qué me pasa? Yo no suelo hablar así. Tampoco suelo desnudarme frente al espejo, y aquí estoy, acariciando mi piel, plateada por la luna que se cuela por la ventana, sintiendo su calor, sosegándome, como lo haría cualquiera de ellos, si yo fuese cualquiera de ellas.
La princesa está triste, que tendrá la princesa…
No, la pregunta es qué no tiene.
Me rozan apenas las yemas de mis dedos, mientras fijo los ojos en ti, precisamente, que me robas el sueño, contigo, con quien que nunca podré hablar.
Desde este segundo piso, parece que nos separa un abismo que no hemos creado nosotros, pero que respetamos, aunque la brisa me traiga tu perfume.
Estás con esa chica. Es guapa, no me importaría compartirte… la segunda vez.
Mi piel es suave, te gustaría acariciarla. Mis pechos grandes, firmes, mi vientre plano como una tabla, hecho de melocotón, listo para que lo pruebe, mis nalgas firmes, trabajadas solo para que te agarres a ellas…
(Joder, si, estoy muy buena, pero aquí estoy, yo sola, y tú allí, muy bien acompañado.) Quiero gritar, maldecir, pero me muerdo los labios.
Quiero imaginarte, y no quiero que se despierte nadie, no quiero que me vean en tan ¿humillante? ¿vergonzosa? Situación.
En realidad, lo único vergonzante y humillante es que no he conseguido que estés aquí, si me paro a pensar.
Poco a poco, me recuesto en la cama, me imagino vencida por tu peso, como si realmente me depositases allí, rodeándome con tus brazos e inundándome con tu olor. ¿Me besarías?  Sí, me besarías como la estás besando a ella, jugarías en mi boca y te deslizarías despacio, desde el cuello hasta la vagina, marcando la trayectoria con tu saliva, marcarías mi piel con esa ¿descuidada? barba de dos días, morderías mi cuerpo al notar mi urgencia, arrancándome los primeros gemidos, mezclarías el dolor con el placer, y temblaría al notar tu aliento recorriéndome.
Mis piernas se abren, para recibir mi mano, mis dedos convertidos en tu lengua me acarician, exploran todos los recovecos mientras mi respiración se agita.
Juego suavemente con mi clítoris, hinchado y deseoso de recibir caricias, lo rodeo, lo acaricio, cada vez más deprisa.
Mi cuerpo se arquea, mis rodillas se quieren juntar… ¿Lo permitirías?. Encajarías tus hombros entre ellas, seguirías lamiendo, succionando, con tus manos agarrando fuerte mis caderas, parando el baile que precede al orgasmo.
Intento respirar, hundo mis dedos, los hago desaparecer, adentro, más adentro… los muevo, juego en mi interior y vuelvo al principio.
Esta vez si, despacio… Vuelve a resurgir el calor desde mi vientre y lentamente tu imagen y mi trabajo dan su fruto.
Mi piel se cubre de sudor, y ante la imposibilidad de gritar un nombre, mis gemidos se lanzan a la luna, saltan por la ventana, con la esperanza de que lleguen a tus oídos. Me gustaría que estuvieses junto a mi, quiero notar como sonríes al saberme tuya, como te levantas deprisa, colocas mis piernas sobre tus hombros y me clavas a la cama, quiero notar tus embestidas, acogerte en mi interior, gritar ante tu ímpetu y quedar indefensa hasta que te vacíes en mí, pero, jadeante después del éxtasis, siento ese vacío de volver a la realidad, de saberme sola en esa habitación.
Me levanto cuando mis rodillas dejan de temblar, y me vuelvo a asomar a la ventana, olvidando mi desnudez y la lamparilla encendida.
Y como cada noche, estás ahí. Ella ya se ha ido, y me vuelves a regalar una sonrisa desde la calle, sentado en un banco del parque.
Eso es todo lo que vamos a obtener el uno del otro, una sonrisa, un cuerpo desnudo a través de unas cortinas, alguna que otra mirada furtiva si el azar nos cruza en algún paseo y esa inclinación de cabeza que me dedicas todas las noches, cuando termino de soñar contigo.