Pensando

Un día menos, cada minuto que pasa nos acerca un poco más, si cabe.
 
Te veo sonreír desde una fotografía, y me viene de nuevo tu olor, el calor que emana de tu piel, y te vuelvo a desear un poco más, si cabe.

Vuelve el recuerdo de tu cuerpo nervioso, de esa cabeza que no para de darle tantas vueltas a todo, de esa lucha constante entre quedarte quieto a mi lado y salir corriendo a partir la pana.

Bien, sal corriendo, que ya me quedo a esperarte. Ve a curiosear por la vida, que sé que vas a volver.
No veo el momento de dormir a tu lado, todas las noches. De escapar de la misma cama todas las mañanas, para afrontar el día que venga.

Yo soy así, lo sabes. Déjame que corra, que le de vueltas a todo. Volveré a acurrucarme a tu lado, a buscar tu calor, porque allí me siento invencible.

Si alguna vez me he creído la mejor es sólo porque salió de tu boca, si alguna vez me vi superada fue porque no escuché tu voz. Si desperté de mi largo letargo es porque llegaste tú, al fin. Encontré el tesoro por pura casualidad, a 300 Km, montado en su barco pirata.

Vamos a construir esto juntos, y vamos a hacerlo a nuestra manera. Estoy contigo al cien por cien, cada día es distinto, va a ser mejor a tu lado.

Simplemente, porque te amo.

Para tí

En estos momentos daría la mayoría de lo que tengo por estar contigo. En estos momentos, ahora, quisiera poder acurrucarme en tu regazo, apoyar la cabeza en tu hombro y con la nariz pegada a tu cuello, dejar que me arropases con tus palabras, dulces susurros, aunque me repitieses todo aquello que yo sé, que yo misma me repito todas las mañanas para, si no dar un paso, al menos no retroceder.

Quisiera que el cielo llorase al otro lado de la ventan, que sólo estuviésemos tú y yo, y un sofá de tres plazas color granate y un par de copas de vino.
Quiero que me cuides, sólo por una noche, abandonarnos a una conversación a media voz, a risas solapadas que arropasen  ese momento de intimidad compartida, ese momento que no compartiríamos con nadie más.

Ahora, hoy mismo, quisiera ser capaz de desarmar mi escudo, de ser capaz de confiar en ti como no lo he hecho nunca con nadie, porque estoy cansada de suponer que sabes que te quiero y que te echo de menos, porque quisiera poder decírtelo más a menudo, que lo notaras en cada palabra que te dedico.

Que te creas de una vez que eres el beso que todo lo cura, que eres la sonrisa que viene después del beso, que de verdad me falta la música de tu voz y el silencio de tus ojos claros.

Así, aunque en estos tiempos revueltos no esté tan presente, quisiera, a pesar de todo, poder hacerme pequeña a tu lado, encontrar el remanso de paz en las modulaciones de tu voz y prometerte que te cuidaré cuando lo necesites también, por ahora, para siempre.

PD: Para mi niña, gracias por todo…

Yo me quedo en Atocha

Dicen que el hogar es aquel lugar
Donde mas feliz se ha sido…
Y aunque mi piel sepa a salitre
mis ojos reflejen el cielo limpio
y en mi cuerpo se esconda siempre
el sabor del mediterráneo
no es este mi hogar, según esto.

Aunque deje a mi familia, a mis amigos
aunque mis raices se queden aferradas
a esta tierra que me vió nacer,
que me vió crecer, sufrir, reir…
Aunque lleve conmigo el clima humedo
y caluroso hasta el extremo
como un perfume que me recuerde de donde soy…
No es este mi hogar.

Aunque me tenga que alejar
la decisión está tomada.
Por fin sé donde debo ir, y es tan fácil
que casi me asusta.

Sólo donde se me queda el alma
en cada viaje de vuelta.
Sólo donde puedo encontrame con tus ojos,
donde puedo sentirte cerca.
Sólo donde soy feliz…

Y, aunque te de rabia,
como dijo Sabina
yo me bajo en Atocha
yo me quedo en Madrid.
(Gracias a todos los que están allí por recibirme como una mas, y gracias a todos los que se quedan, por entenderlo… )

Sábado noche

La escucho, una y otra vez. Sus notas tristes, melancólicas me han acompañado tantas veces…
Me he imaginado mil historias con esta banda sonora, y ahora no soy capaz de recordar ninguna. ¿Qué mas da? Ella cuenta su propia historia, que es la misma que la mía.
Sábado noche, de paseo por la ciudad.
Invierno, abrigo largo y labios rojos. De luto, aparentando ser la mejor, sintiéndome a cada paso un poco más desgraciada.
Cosas de la juventud, que se le va a hacer.
Luna de hielo que nunca sonreía, y cerveza a mansalva. Un trago, una preocupación menos.
Una mirada que cruza el bar, indiferencia fingida. Ese era el juego.
Dos ojos que se iban tras los besos perdidos, una piel que deseaba  ser deseada, y al final, todo dependía de cuanto se había bebido.
 La compostura lo era todo, la princesa de la oscuridad… Por suerte, ya no es así.
Pero me sigue embelesando esta canción, y lo que tal vez eche más de menos sean esos paseos en solitario por la ciudad a medianoche, esa sensación de que nada malo puede ocurrir si llevas a alguien cantando en tu oído, que la oscuridad de los callejones no es tan terrible, que las luces te arropan, que la humedad te acaricia los huesos y el aire frío  te besa y que, después de todo, no estás caminando tan solo..

Retrato en blanco y negro

Hace veinte años que no pienso en ti, no recuerdo ni mes, ni dia de tu muerte, lo se, siempre he sido una despistada, ya lo sabes. Sé que fue en 1988, o tal vez no. Fue el año que tenía que haber tomado la comunión… ¿Ocho años? No importa, supongo que me darás por buena la fecha.

No hace mucho alguien mentó tu nombre, Gabriel, y apareciste en mi cabeza. Más que tu imagen, que casi ni recuerdo (el casi es por las fotos que la abuela guarda, en el que se ve a un hombre pobre pero digno, guapo, joven y lleno de vida. Retratos en blanco y negro, algunos sepia…nunca perdiste ese porte, ni siquiera al final, de eso sí me acuerdo), volvió a mi el recuerdo de lo que fue la vida contigo. El recuerdo de un cenicero de pie, junto a una butaca, cerca del balcón, con tu cigarrillo negro humeando.El recuerdo de un mechero de sol, con espejos para que prendiera el cigarro, con una media luna y el dibujo de Naranjito en el exterior, y la caja donde guardabas tus sellos, con la música del padrino.

Recuerdo el columpio que nos fabricaste en el balcón de tu casa, un octavo piso, con dos cuerdas colgadas del techo y una tabla de madera. Ahora pienso que era una locura, pero nunca temimos caernos, nunca pasaba nada si tú andabas cerca.

Te hiciste cargo de nosotros como si a los (no se cuantos años tenías…¿58, 60, 65?) te hubiesen salido tres hijos más que criar, dos buenos, que no lloraban y hacían sus deberes, y la niña mala a la que tenías que obligar a practicar la caligrafía sentada en tus rodillas en el sillón, si, ese que quedaba tan cerca del cenicero de pie.

A la vejez, después de una vida tan azarosa, volviendo de Argentina sin madre a los cuatro o cinco años, pasando la mili en Casablanca, aguantando la Guerra Civil, el hambre en la posguerra y toda una dictadura sin perder el temple, la paciencia y la sonrisa. Sacando adelante a tu familia, queriendo a tu mujer y a tu hija, a pesar de sus defectos, trabajando, porque no podías concebir la vida sin movimiento, sin ilusión, te salieron tres bestiecillas que criar.Pero corrías el peligro de quedar en una silla de ruedas y la operación se complicó. Te fuiste porque no te querías quedar parado.

No recuerdo tu funeral. A mi hermano y a mi, los pequeños, nos contaron que te habías ido al cielo, y recuerdo que no entendíamos a qué tanto lloro. Lloré cuando me di cuenta de que no te iba a ver mas, de que me había quedado sin mi yayo Javier. Nadie sabe por que te llamaban Gabriel. Supongo que por buena persona. Supongo que tu madre equivocó el nombre.

Hace mucho que no pienso en ti, y ahora me doy cuenta de lo que podría haber aprendido a tu lado. Te quedaste con las ganas de enseñarnos solfeo, y seguro que de algo más que no puedo recordar. Después de esa conversación, la que desencadenó todo esto, y de ver de nuevo tu fotografía, pienso que te hubiese gustado conocer a tus biznietos, y que ellos hubiesen sido muy afortunados de conocerte a ti, aunque tal vez, si aún estuvieses aquí, los primeros beneficiados por tu presencia hubiésemos sido nosotros, los tres, tus hijos-nietos, tal vez la vida hubiese sido mejor…

Supongo que da igual, supongo que si sigues existiendo en alguna parte, siempre te has quedado con nosotros. Supongo que si sigues existiendo en alguna parte, algún día podré darte las gracias y ofrecerte mis respetos, y preguntarte todo aquello que se me quedó pendiente. Te fuiste demasiado pronto, dejaste demasiadas cosas aquí, pero lo entiendo, fué la decisión correcta. Si algún dia te vuelvo a ver, te enseñaré lo bien que ya se escribir…

tú lo haces real

 

you make it real

Respira hondo. Respira hasta llenar a la máxima capacidad de tus pulmones y coge de una maldita vez la pluma.

Te echamos de menos, vomita todo lo que llevas dentro, aunque no lo creas es hermoso, y, al menos yo, necesito volver a leerlo, aunque se parezca tanto lo escrito de un día para otro, sé que nunca es lo mismo.

Quiero volver a atisbar tu alma a través de tus letras. Causas expectación cada vez que te colocas frente al papel en blanco, el universo vuelve a moverse con armonía al compás de tus pensamientos, de tus historias.

No te dejes vencer por la rutina, no nos abandones. Nadie se da cuenta de lo que te necesita hasta que desapareces, la vida es así, ya deberías saberlo. No se da cuenta nadie, excepto yo.

Repaso lo que escribiste en su momento, me veo reflejada en algunos de esos ojos que describes, en la piel blanca de algunos de tus personajes. A ti te ocurre lo mismo. Te describo como un ser ideal, puro y tosco a la vez, terrenal y maravilloso, y tras esas letras te puedes dar cuenta de lo mucho que te admiro, de lo mucho que te quiero, claro, por qué no.

A los amigos también se les quiere, aunque nunca nos paremos a pensarlo.

Repaso lo que escribiste, y vuelvo a sentir tu aliento cerca de mi oído, susurrando que sí, que era para mí, pero que nadie lo sabe. ¿Sabes guardar un secreto? Sí, claro, siempre que pueda escribirlo, como tú.

Esto también es para ti. Soy consciente de que ahora no estás por la labor, de que tienes muchas cosas que hacer, de que tienes muchas excusas, muchas razones para no pararte a observar tu alma, y mucho menos para ponerte a escribir lo que ves en ella. Sé que todo eso es real para ti, que el día a día implica muchas atenciones, mucho esfuerzo, mucho tiempo… Lo sé.

Aunque también sé que te echo de menos, que quiero, que necesito volver a pasearme por tus letras caprichosas de noches efímeras, de retratos de momentos que nunca se dieron, de homenajes sentidos como éste.

No voy a decir que nada vale la pena sin ti, eso sería demasiado, pero sí está un poco más gris, demasiado real para mi gusto. Sin ti, sin tus frases, sin tus palabras, sin tus ideas, el mundo gira más despacio, y aunque hay mucha gente que lo hace bien, que promete, que se esfuerza, ninguno es como tú, ninguno me llega tanto.

Aprendí, evolucioné, creo que lo hago mejor que al principio, y es sólo gracias a ti, a esa manía tan tuya de exigir y de adular al mismo tiempo.  De ese saber estar y no estar al mismo tiempo, de haberte tomado la molestia de enseñarme, poco a poco, día a día.

Te necesito. A ti, y a tus letras. Cada día un poco más lejos, cada día que pasa y no te leo. Esa distancia que duele, que hace sangrar, que provoca textos como éste, un poco tristes, rozando la desesperación.

No es un último grito, sé que volverás, siempre lo haces, pero mientras tanto, el mundo, mi mundo, se va deteniendo a cada día que no sé de ti, que no me alimento de ti. Puede que no te importe demasiado, al fin y al cabo sólo soy yo, la que siempre está, por mucho que tardes en volver.

 Sólo quería que supieses que te espero tejiendo historias, las mismas de siempre, mitad verdad, mitad mentira, y casi siempre, pensando en ti, hasta que vuelvas.

¿Sabes?

¿Sabes? Hoy no es un día para pensar, porque todos los pensamientos se niegan a fluir, y no soy capaz de hilar una opinión en concreto acerca de lo que me estás contando.

Hoy llueve, y como todos los días de lluvia me siento inútil por el simple hecho de que no puedo hacer que las nubes se disipen cuando soplo.

Que tontería, ¿verdad?

¿Sabes? Hoy es un día de repeticiones, de rutina. Es un día cualquiera en tu vida, y en la mía, lejos, como siempre, que es la rutina que más duele…

Y es que no puedo dejar de quererte aún cuando no queda ni un poco de tu esencia volando por aquí, cuando ya se me ha olvidado cómo hueles, pero tu cara en una foto me sonríe, me desafía, y yo no le hago el más mínimo caso.

Que chasco para tu ego, ya lo sé, pero así son las cosas.

¿Sabes? Hubiese sido tan fácil ignorarte desde el inicio…

Hoy es un día en el que sólo se me plantean problemas, dudas,  y el color gris no ayuda en demasía. Prefiero el negro, ya lo sabes, al menos es más honesto.

Quiero música lenta, para no tener ganas de bailarla, y quiero una ducha caliente, y que sea lo que Dios quiera.

Últimamente me ha dado por escribir frases sin sentido, escondo una libreta bajo la almohada, pero en sus hojas siempre se refleja la misma cara y es algo desconcertante. Una idea, un rostro recreado en unas cuantas palabras, ¿Quién podrá verlo? Espero que nadie, o me moriría de vergüenza, aún cuando hace tiempo que olvidé lo que significa.

¿Sabes lo que significa soñar con alguien? Tengo miedo de quedarme mirando a un punto concreto en la pared, por si aparecen tus ojos, o los de cualquiera, y me recuerdan lo que no he hecho, las líneas en blanco de mi agenda.

Es mucho más fácil cuando estás cargado de trabajo, ¿A que sí?

Pero yo lo estoy, y no soy capaz de mover un dedo si no es para escribir ideas sueltas, imágenes en un espejo, distorsionadas, porque tú no eres como aparentas, como todo el mundo, pero me gusta querer esa idea que tengo de ti, y, ¿Sabes? No me gustaría que me la desmontase el tiempo.

Creo que me voy a sumergir en el trabajo para descansar un poco, creo que ya es hora de no pensar en nada importante, tan sólo en dinero, en el telediario y en todo aquello que no implique que el corazón lata.

Cuando sea capaz de escribir algo con sentido te llamaré, hasta entonces, dejaré que la lluvia caiga.