nunca es suficiente

Otra vez él, reflejado en cualquier espejo, en cualquier cristal. Otra vez ese payaso gordo con dientes de sable, con sus chillones colores me saluda desde el reflejo y me señala con el dedo, y se ríe, y pretende hacerme llorar, pretende hundirme en la más absoluta miseria.
Se come la autoestima, la confianza con la glotonería de un niño y me mira de reojo y sonríe malévolamente.
Ya no le tengo miedo como a los quince años,  pero me sigue haciendo daño su presencia, aunque no se lo demuestro.
Miro hacia otro lado, pero ahí está. Lo sé, lo siento y me sigue doliendo.
Me señala la nevera y susurra a mi oído lo terrible que soy.
“Tienes hambre, come” Y yo engullo lo que cae en mis manos.
“Eres un ser horrible sin confianza ni amor propio” y dos minutos después todo desaparece por el desagüe.
Soy su esclava. Tiene mi alma y la estruja hasta que vomito de puro dolor.

Se sube a mi espalda y me obliga a caminar encogida. Se interpone entre yo y mi reflejo, y me obliga a mirar como me transforma en un monstruo.
A veces consigo encerrarlo, pero siempre escapa, siempre consigue lo que quiere porque es más fuerte que yo.
Sale del humo de un cigarrillo, de una lata de cerveza, de un grito a destiempo. Sale de la indiferencia y de los reproches.
Sé cual es su origen, pero no se cual es su fin, y soy consciente de que no hay salida para esta situación.
Juro que lo intenté. Quise ser perfecta. Él solo es el reflejo de lo que debería ser y no soy…
Haga lo que haga, nunca va a ser suficiente, ni para él ni para nadie.
Escribo estas líneas encogida en un sofá mugriento de tristeza, y él se ríe ahora mismo, mientras se hace cada vez más grande, se hincha como un globo mientras yo voy desapareciendo. Me rodea con su enorme cuerpo, me asfixia, me falta el aire y me roba las fuerzas.
Siento nauseas, siento un nudo en el estómago y un hambre terrible, pero no me permite levantarme. Ahora mismo no creo que pudiese levantarme.
Me rindo.
Creo que me tumbaré un rato a ver si desaparece y al fin puedo comer algo sin que se ría de mi.
Creo que cerraré los ojos, que dormiré, a ver si consigo que no se entrometa en mis sueños y deje de pesar durante un rato.
Tal vez las pastillas que me dió ayuden…

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