Like a friend

Vamos a ser sinceros, al menos, una vez al año. No somos los mejores amigos que se pueda esperar.

Yo nunca te miro a los ojos, tú nunca has pasado el brazo alrededor de mis hombros. Yo nunca he bebido hasta marearme a tu lado, y tú nunca me has acompañado a ver una puesta de sol.

No somos la primera opción el uno para el otro, y sin embargo, aquí estamos, juntos, en cierta forma.  Vas, vienes y me alegras el día cuando al fin consigo que sonrías.

Yo no soy mucho mejor que eso. En realidad, no hago ni la mitad de cosas que se supone que hace una buena amiga, pero tienes que saber que me alegra haberte conocido.

Que por alguna extraña razón, una fuerza me lleva siempre hacia las mismas personas, y que tú eres una de ellas. Que es algo que no quiero evitar, porque aunque no estemos, sé que sí estamos, que de vez en cuando el cerebro viaja hasta donde está el otro y se pregunta cómo le irán las cosas, que intentamos por todos los medios saber… Y una vez sabido, nos quedamos mucho más tranquilos.

Que a pesar de todo, es una suerte que seas mi amigo, que gracias a tí he aprendido a no clasificar a las personas y a quererlas tal y como son, a quererte tal y como eres.

Tal vez algún día consiga acortar la distancia, aprender a no tener que preguntar, no es la primera vez que lo hago. Tal vez, algún día, pueda hablarte con franqueza, a no esconderme tras el escudo y consiga desmontar el tuyo… O tal vez no.

No esperes que me disculpe por intentarlo.

Hoy por hoy, sólo sé que el mundo sería un poco peor si no estuvieses. El resto del camino, lo marcas tú, yo decidiré si te sigo por todos los recovecos, pero sé que, al final, siempre nos vamos a encontrar.

El mejor

 

¿Y quien dijo que el hip hop no es música? Te veo en el escenario, con esa postura tan grave, tan afectada, retándonos, desafiándonos, aunque yo sé estás hecho un manojo de nervios, pero eso no se puede dejar salir a la luz del foco.

Tú eres el mejor, y lo vas a demostrar una vez más.

Todo es perfecto, las ropas estudiadamente anchas, la espalda recta, los ojos duros e impenetrables, la lengua suelta, los dos pies sobre el suelo… Sé que te están sudando las palmas de las manos, pero los versos salen cada vez más fluidos de tu boca, y hay momentos en los que parece que te has olvidado de nuestra presencia.

Tan sólo te agarras fuerte el micrófono y te dejas llevar,  cierras los ojos, te concentras en impregnar a tus letras amargas la gravedad de tu voz profunda,  y únicamente cuando termina la música vuelves a la realidad y agradeces nuestros aplausos como un rey en su trono.

Siempre el mejor, siempre por encima de los demás, sólo porque los demás así esperan verte.

Pero, durante un segundo, mientras das buena cuenta de una botella de agua, tu mirada se cruza con la mía, y durante ese breve  período de tiempo puedo intuir al chico tímido y sincero que conozco, y es durante ese segundo que me alegro de estar ahí, contigo, porque me necesitas, nos necesitas a todos, porque en ese momento eres pura fachada, y las estructuras huecas no se sostienen solas.

Pero el show debe continuar, te recompones rápido, y sin ni siquiera permitirte regalarme una sonrisa vuelves al ataque, porque eres el ganador, eres el número uno, el mejor sobre un escenario y a pie de calle, y esta noche tienes que volver a demostrarlo.

Recluso 28980 (Carta ficticia por encargo)

hoja en blanco

Tu mirada se me clava en el alma.”No te necesito” Eso es lo que me dice cuando por casualidades de la vida me la encuentro de frente. Pareces más triste de lo que realmente estás, más enfadado con el mundo, aunque los dos sabemos que no es así.

Aún eres capaz de reirte. Pocas veces, sólo para ti, pero al menos lo haces.

No sé qué te ocurrió. Ni siquiera sé si te llegó a ocurrir algo. De un día para otro mudaste esa sonrisa feliz por otra desesperada, buscando la carcajada donde fuese, como quien busca el aire.

Sonrisa triste de payaso.

Alguien te hizo daño, eso dijiste, aunque como siempre, te dejaste la mitad. Ese toque misterioso tan tuyo. Nunca sabré quien, o puede que sí, eso lo decides tú.

Que me estimas, eso lo sé, aunque no lo digas, no es necesario. Tampoco te lo digo yo, y lo sabes de sobra.

Claro que no me necesitas, viviste veintitantos años sin mi, no intento ser imprescindible, solo visible.

-¿Cómo te va?- mi pregunta insistente

– Bien-Tu respuesta perpetua, siempre con un “pero” colgando que nunca llegas  a pronunciar. Una coletilla muda que decepciona.

-¿Qué te ocurre?- Segunda pregunta pertinente , en un intento de descifrar el “pero”

– Nada

Aaaaarrrggggghhhhhh! Me desesperas. Vale, te dejo ya en paz. Y cuando eso ocurre, tú siempre vuelves.

Y si no lo haces, ya lo hago yo.

¿Estoy condenada a dedicarte al menos un pensamiento al día? Bien, no me cuesta nada. ¿Lo haces tú? No, no lo creo, al menos no tanto como a mi me gustaría, no tanto como para darte cuenta de que puedes confiar en mi.

¿Y por que tanto empeño? Joder, está claro. En cierto modo, te quiero, como a un amigo, como a un hermano, y todos nos preocupamos por los seres queridos, todos ansiamos poseer aquello que queremos. Lo único que me lo impide es esa mirada de autosuficiencia, que se viene abajo con dos frases mías. Dos frases que nunca me atrevería a decir.

Sabes que no te comprendo, pero al menos lo intento. Sabes que te respeto, pero no por imposición, no por miedo, solo por ser como eres.

Sabes que me caes bien, excesivamente bien, y que siempre me gustaron las causas perdidas.

Siempre tuya…Daria.